miércoles, 15 de noviembre de 2017

‘Expectativas’, de Búnbury: el nómada del rock&roll.


«El disco tiene versos más y menos explícitos. Más poéticos y más callejeros. He intentado conjugar los dos lenguajes. Es cierto que hay una corriente de pensamiento según la cual, un músico o un artista, no se debe pronunciar ni comprometer. Pero creo que no ha lugar. Por supuesto, creo que es legítimo y es un hecho contrastado en la historia del Arte, desde Altamira hasta el día de hoy. Los pintores, los músicos, los literatos o los cineastas pueden sentir interés por explicar y dar su punto de vista con respecto al mundo que les ha tocado vivir. Lo que empieza a ser sospechoso es que haya tantas voces que se alcen dudando de esta posibilidad».

Enrique Búnbury

Hasta la llegada de Expectativas (Warner, 2017), la carrera de Búnbury ha sido tan variada y prolífica como tiene acostumbrados a sus seguidores. Tres álbumes de estudio: Las consecuencias (2010), Licenciado Cantinas (2011), Palosanto (2013); los directos Gran Rex (2011), Madrid, Área 51 (2014), Hijos del pueblo (2015) en colaboración con Andrés Calamaro, MTV Unplugged: El libro de las mutaciones (2015); y el documental El camino más largo (2016). Independientemente de la consistencia de cada giro estilístico de su trayectoria, nadie puede negarle al maño su amor por la música, afán de experimentar nuevas texturas y riesgo a la hora de arrojarse al vacío. Un espíritu mutable que ha descolocado al público desde Radical Sonora (1997), en el que abrazaba la electrónica, las cajas de ritmos y la música árabe sin impedimentos. Entre lo sublime (Lady Blue) y lo dudoso (Hay muy poca gente), la sombra de los Héroes del Silencio aún perdura en la actualidad.

Al igual que Loquillo, Ariel Rot, Santiago Auserón, Jaime Urrutia, Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Manu Chao, Fito Páez o Calamaro, Bunbury es un músico que no sigue los dictados del mercado, las radiofórmulas o las casas discográficas. Su meta es la superación y la autenticidad, no despachar discos y entradas de conciertos. Puede que por ello haya enfocado su carrera en solitario al mercado latino, en el que siempre fue mejor valorado que en su propio país.

Junto a Los Santos Inocentes, formación que lo ha acompañado durante los últimos años tanto en estudio como en la carretera, Expectativas es un trabajo que se desmarca de recientes incursiones latinas para abrazar un espíritu glam que evoca a Bowie —una de sus mayores influencias—, gracias a una serie de canciones con contenido social, compromiso, pesimismo y actitud combativa. La extensión lógica de temas que había presentado anteriormente en elepés como Avalancha (1995), El viaje a ninguna parte (2004) o el mesiánico Palosanto.

Lanzados como sencillos, La actitud correcta —ácido ataque al postureo, a los aires de estrellas de compañeros de profesión, perfectamente aplicable a cualquier grupo indie patrio— y Parecemos tontos —un medio tiempo dylaniano con letra reivindicativa—, definen perfectamente el núcleo lírico del disco. La ceremonia de la confusión, la bailable En bandeja de plata y Lugares comunes, frases hechas, podrían considerarse los temas más críticos del álbum. En cambio, Cuna de Caín —que los medios se han empeñado en asociar con el conflicto catalán, cosa que el zaragozano ha desmentido en diversas entrevistas—, Supongo —amarga y esperanzada a la vez— y La constante —una balada romántica dedicada a su esposa Jose Girl—, ofrecen su faceta más sensible y reflexiva. Por primera vez en mucho tiempo sobran las estridencias vocales; tono ajustado a las necesidades de cada tema. El maño no tiene por qué destacar sobre sus músicos.

Llegados a este punto, cabe puntuar el gran trabajo de Santiago del Campo; su saxo aparece prácticamente en todas las canciones, enriqueciendo un disco que cuenta con una excelente producción, variada, madura y sin altibajos que, a diferencia de anteriores elepés, no resulta monótona en ningún instante. Bartleby (Mis dominios), Al filo del cuchillo —la pieza más oscura del álbum, entre la culpabilidad, el dolor y el placer— y la nihilista Libertad, muestran el lado más rebelde e inconformista del músico.

Han pasado veinte años de constante reinvención desde su primer disco solista. Bunbury ha publicado su mejor trabajo desde Las consecuencias y, por extensión, uno de los más sólidos de su dilatada andadura discográfica. Un verso para recordar: «La calle va por dentro y no tienes ni puta idea de Rock And Roll». ¿Alguien se atreve a llevarle la contraria?

lunes, 13 de noviembre de 2017

Entrevista a Enrique Bunbury en “Hoy Los Ángeles”.



Entrevista a Enrique Bunbury en "Hoy Los Ángeles"., programa de Estados Unidos.

Bunbury en Guadalajara, Jalisco.

1 marzo‬
Guadalajara. Jalisco
Auditorio Telmex


Bunbury: “Tenemos libertad de consumo, pero la libertad de pensamiento está seriamente amenazada”.


Enrique Bunbury, 50, no se muerde la lengua ni cuando canta ni cuando se expresa de cara al público. Dice lo que piensa —y se nota que lo piensa en su forma pausada de conversar— y lo manifiesta con naturalidad, sin medias tintas ni eufemismos. Vestido de negro, bajo unas gafas oscuras como único refugio y con un pin en la solapa en el que puede leerse: “vegan revolution now”, acude a La Opinión para presentar su último disco, Expectativas, mientras reflexiona sobre temas diversos como la llegada de Donald Trump al poder o la reciente coacción de libertades.

Su último disco, noveno trabajo en solitario tras álbumes tan exitosos como Pequeño cabaret ambulante (2000) o Flamingos (2002) constituye una apuesta de seis canciones con un fuerte componente social contra “la mediocridad, la idiotez y el cainismo”, y otras cinco piezas donde el cantautor muestra una mirada más autoreflexiva, la cual gira sin miedos ni complejos alrededor de la figura del yo.

“La recepción del público y de la crítica especializada está siendo apabullante. Normalmente cuando las críticas son positivas el público no te acompaña, y vicerversa, entonces poder contar con las dos cosas en algo que casi no ocurre nunca”, reconoce Bunbury agradecido por la calurosa acogida de Expectativas, en general, y de los nuevos singles Parecemos tontos o La actitud correcta.

Mantener la actitud correcta, ser discreto, escoger muy bien lo que uno dice, etc. patrones sociales que para Bunbury son a la vez fuente de inspiración como motivo de desazón. En una sociedad en la que, a su juicio, prima la autocensura debido a un miedo visceral a la “policía de lo correcto”, cada vez son menores los recovecos “democráticos”, en los que uno puede mostrarse con liviana autenticidad.

“Las redes sociales están provocando la autocensura y el miedo a la policía de lo correcto. La autocensura en los artistas, en los medios de comunicación, ese tener mucho cuidado con lo que dices porque tiene repercusiones. Todas esas sutiles faltas de libertad en lo cotidiano para mí es algo especialmente preocupante”, expresa el artista, “tenemos libertad de consumo, pero la libertad de pensamiento está seriamente amenazada“.

ECHAR A TRUMP

Coherente con sus palabras, no duda en extrapolar esa preocupación al campo de la política, crítico con el “actual deterioro del sistema democrático” que vive los Estados Unidos; la ineficacia de un sistema bipartidista que busca el enfrentamiento entre dos candidatos muy parecidos “para que luego en realidad no cambien las cosas” y la responsabilidad ciudadana frente al gobierno de Donald Trump.

“Creo que es un buen momento para estar unidos, hacer fuerza y estar muy atentos a las próximas elecciones porque tenemos el deber de echar a este individuo y tenemos la posibilidad. Creo que es algo que va a pasar, hay que aguantar con dignidad y ser responsables con el voto“, reflexiona quien asegura que, como español residente en Los Ángeles desde hace casi una década, se siente tan “latino” como aquellos que tanto aprecian su música por toda América Latina.

Editorial: ¿Trumpismo sin Trump?

Bunbury comenzará el próximo mes de diciembre una gira por toda España, que concluirá el día 16 en Zaragoza, su ciudad natal; para después continuar por Colombia, Argentina y México, entre otros países. Un regreso a los escenarios por todo lo alto que, como confiesa, le pone un “poco nervioso”, sensación que olvida después de unos cuantos conciertos.

“Mi carácter me lleva a la introspeción, a escribir canciones y a grabarlas en un estudio. Ese es mi estado natural y eso es lo que más me gusta“, explica tranquilo, convencido de que gran parte de su éxito nace de esa entrega sin prisas, en la que prima “la seriedad y la pasión”. Sabe de lo que habla, lleva más de 30 años dedicados a la música, a su público y a decir bien alto —y siempre que sea posible de una forma melódica y rítmica— lo que piensa.