viernes, 9 de septiembre de 2016

Bunbury, la mutación definitiva.



El pasado sábado quedará marcado para muchos zaragozanos como una fecha difícil de olvidar. Había leído muchas cosas sobre el “Mutaciones Tour” de Bunbury y podía parecer que ésta sería la gira definitiva del músico zaragozano.

Acudí al Pabellón Príncipe Felipe de mi ciudad expectante y deseoso de ver el espectáculo que tenía preparado nuestro artista más internacional, pero a la vez tenía ciertas dudas por si el concierto no cumplía con todas las expectativas creadas. Desde que puse un pie dentro del pabellón se palpaba un ambiente de nerviosismo. Dos horas antes del concierto ya había un considerable aforo y quedaba más que claro que lo que veríamos esa noche iba a ser algo importante. He presenciado muchos conciertos de Bunbury en Zaragoza, en todas sus etapas y mutaciones solistas, pero confirmo que esta vez el “artista equilibrista” ha sido verdaderamente profeta en su tierra. Pudimos verle disfrutar como casi nunca, con menos tensión, seguro de que estaba ofreciendo un suculento menú para todos los allí presentes. Estoy convencido de que por esta noche Bunbury no se sintió “extraño en su tierra” y todos comulgamos en una especie de espiral colectiva de camaradería, emoción y empatía. Ocho mil almas unidas como un “Santo Inocente” más. Todas y cada una de las canciones interpretadas se recibieron con fervor y euforia. Creo que nunca antes había sentido Bunbury esa comunión con su público en casa, ni siquiera en la reunión con Héroes del Silencio del 2007. Efectivamente éste era su momento y “Mutaciones” su gira definitiva.



El setlist estuvo diseñado a la perfección para no dejar prácticamente fuera ninguna parada en su discografía. Y casi en equilibrio sonaron temas de Héroes del Silencio, del Huracán Ambulante y de su actual formación Los Santos Inocentes, que por cierto, sonaron como una auténtica apisonadora: Arrolladores a la par que precisos. Una interpretación medida al milímetro y llena de garra que no dejó indiferente a nadie. Sinceramente Los Santos Inocentes demuestran que son el mejor grupo que Bunbury puede tener. Capaces de transformar cualquiera de sus movimientos musicales y acercarlos a un rock áspero por momentos, castizo en ocasiones y muy elegante en el conjunto que le sienta como anillo al dedo a mi paisano.

Desde el arranque previsto con “Iberia Sumergida” hasta el perfecto cierre con “…Y al final” no hubo un momento para el descanso. El nivel estuvo muy alto durante las dos horas que duró el concierto y el público se entusiasmó tanto con “Avalancha” como con “El Extranjero” a partes iguales. Con una escenografía sobria, pero acompañada de una excelente iluminación y ante todo una sonoridad apabullante, destacaron la grandiosa “Despierta”, la efectiva “Lady Blue”, la explosiva “El hombre delgado que no flaqueará jamás”, la emotiva “Más alto que nosotros sólo el cielo”, la contundente “Los Habitantes” o la desgarradora “De todo el mundo”. Aunque también podría hablar maravillas de “El Camino del exceso”, con la que soltó su rabia y mostró su faceta más descarada, o “Maldito Duende”, en la que se dio un baño de masas lanzándose a las primeras filas. La verdad es que no se le puede poner ninguna pega a la elección del repertorio ni a la entrega de artista y público. Sólo un par de cosas mejorables: hubiera estado bien salirse un poco del guión y estirar esas dos horas exactas de espectáculo, dedicando alguna que otra palabra a los allí congregados o incluso regalando alguna canción no esperada como hiciera con “Puta desagradecida”. Y lo que sí que creo que debería haber hecho es despedirse abrazado a su banda. Si de verdad Los Santos Inocentes son algo más que una banda de acompañamiento (de hecho ahí está Ramón Gacías que lleva con él la friolera de 20 años) debería decir adiós junto a todos ellos y no marcharse con pose divina mientras terminan los últimos acordes de “…Y al final”, dejando a los seis Santos Inocentes despedirse de su público sin el verdadero protagonista, que a la vez sería mucho menos sin estas 12 manos que le acompañan. Tan sólo ésto sería criticable, pero está claro que el “Mutaciones Tour” es la mejor gira del artista maño que haya realizado hasta la fecha, por delante de “Las Consecuencias”, que hasta ahora era para mí era la más redonda. Y también queda constatado que el 3 de septiembre de 2016 será una fecha histórica para todos los zaragozanos que amamos la música y creemos en el artista más reconocible y auténtico de los nacidos a orillas del Ebro.

Crónica de Bunbury en Zaragoza.


La primera y más aclaratoria la encontrarán al final de la crónica, y mediante la segunda me gustaría explicarles que la razón de haberme tomado la licencia de usar la fórmula de tratamiento de “ustedes”: no es otra que hacer un guiño al modo inamovible en el que el maño sigue dirigiéndose a su público 30 años después, unas 10.000 almas que venían a darle las gracias por haber sido la banda sonora de sus vidas.

Mutaciones Tour 2016. Asistíamos al culmen de una gira que ha recorrido la geografía ibérica este verano, con un recinto a rebosar. Probablemente el hecho de que se supiese que un tercio del setlist iba a recoger su etapa en Héroes del Silencio -el grupo de rock que a más lugares del mundo ha llevado el idioma de Cervantes-, hizo que hubiese más fans de los habituales que cuando Enrique comienza o bien cierra gira en esta, su ciudad.

Tras la dulce intro Lawrence of Arabia, comenzaba dándonos el primer gancho de izquierda a las predispuestas y de antemano entregadas masas con la monumental “Iberia Sumergida”, aquel tema con el que ya en 1995 gritaba por un cambio a las políticas del Gobierno de Felipe González; la verdad es que el mensaje de la canción para los tiempos convulsos que corren no sería para nada trasnochado.


“Un placer estar de vuelta en casa” exclamaba el mayor embajador de Aragón, y las cosechas propias “Club de los imposibles” y “Dos clavos en mis alas” allanaban el camino para la espectacular “Sirena varada”, con pausa del cantante visiblemente emocionado mirando al cielo, consiguiendo contagiar ese sentimiento al respetable. “Porque las cosas cambian”, hacía de nexo con otras dos joyas más de Héroes, “El camino del exceso”, posiblemente el tema más aclamado del ‘Espíritu del Vino’ y la enérgica “Avalancha” que, aunque nuevamente arregladas, conseguían aportarle más valor añadido si cabe a estas inmortales composiciones. Para los amantes de la etapa más excéntrica del aragonés daba paso a “Que tengas suertecita” para enlazarla con el tema del disco que compusiera junto con Nacho Vegas: “Puta desagradecida”. Seguían lloviendo cual lluvia de estrellas canciones que le devolvieron en 1999 el respeto y la aceptación de la crítica y público tras el no del todo valorado debut en solitario con Radical Sonora. Por eso “El extranjero” e “Infinito” de su 2º disco ‘Pequeño’ fue de lo más aplaudido por su legión de seguidores. Proseguía con la autobiográfica “El hombre delgado que no flaqueará jamás”, la reivindicativa “Despierta”, ese gran tema para cuyo videoclip Iker Jimenez “puso la cara”, para llegar al momento de éxtasis de la velada con “Mar adentro” y “Maldito duende”, donde Bunbury volvió a darse un baño de masas entre unas primeras filas entregadas del todo. El melódico hit “Lady Blue” fue la señal que daba paso a los bises. “Más alto que nosotros solo el cielo” y la canalla y cabaretera “Sí” abrían los mismos, para dejar paso a la visceral y mágica “La chispa adecuada”. Pelos como escarpias en más de uno y sentimientos de emoción a flor de piel generalizado recogían de buen agrado “Los habitante” antes del segundo pase de bises, con” De todo el mundo” y el mejor vals con el que se puede cerrar un concierto: “Al final”. Caras de felicidad por doquier, incluida la de Beltrán, un entrañable niño que tuvimos al lado durante buena parte del show y que junto con su guapa madre no perdió detalle del mismo, sabiendo reconocer los temas con sus apenas 3 añitos. Increíble saber estar con esa edad en un evento de estas características.

Lo cierto es, y aclarando así el titular que arriba dejábamos pendiente, que el concierto tuvo la duración previsible, 2 horas redondas, con una puntualidad escrupulosa en la hora de inicio previsto, pero fue tal la compilación abarcando 30 años de majestuosas canciones de Héroes del Silencio y Bunbury que nos fueron regalados en ese tiempo, que una vez acabado todo el carrusel de “rolas”, la sensación general fue de que más corto no se nos podía haber hecho el concierto, como si de él más corto de la historia se tratase.

Ya el domingo por la mañana, con la resaca de la celebración del espectáculo que pudimos disfrutar la noche anterior, nos encontramos en el hall del hotel con dos salados andaluces que nos contaban que tenían unas 8-9 horas de viaje de vuelta hasta Huelva. “¿Desde Huelva, hermano?”, preguntó un servidor. “¡Quillo! ¡Se trata de Enrique Bunbury!”, nos espetó. No hubo nada más que añadir, ni yo lo haré aquí: la anécdota resume por sí mismo el sentir general de los que allí estuvimos, dentro del cual, por supuestísimo, me incluyo. Grande Bunbury y grande su flamante formación de los Santos Inocentes en, probablemente, su mejor estado de forma. ¡Hasta pronto!

Texto: Iker Vicente
Foto (Archivo): David Corso Navarro

Revive "Las Mutaciones" de Bunbury.



Enrique Bunbury no podía faltar en nuestra fiesta. En LOS40 seguimos celebrando nuestros 50 años de música y para ello hemos querido contar con la figura más internacional de nuestro rock para en en un BÁSICO 40 celebrado el 6 de septiembre en el Teatro Barceló de Madrid.

El músico ha dejado con la boca abierta a todos los presentes en el Básico interpretando varios de sus temazos de forma sublime. Una vez más, Bunbury ha demostrado que es uno de los mejores artistas de nuestro país.

Bunbury: El libro de las Mutaciones es el último trabajo del artista zaragozano. Un disco MTV Unplugged que había sido grabado el 1 de septiembre de 2015 en La Ciudad de México y que veía la luz en noviembre de ese año.










jueves, 8 de septiembre de 2016

Revive el Básico40 Opel Corsa con Bunbury.


Espectacular concierto el que ha dado Enrique Bunbury en el Teatro Barceló de Madrid. El músico ha dejado con la boca abierta a todos los presentes en el Básico Opel Corsa con LOS40 interpretando varios de sus temazos de forma sublime. 


Bunbury nunca toca por cumplir.



Este miércoles, en el Teatro Barceló, antigua Pachá, Bunbury celebró 30 años de mutaciones –de eso va la gira- y 50 de los 40 Principales –la emisora organizaba la cosa-. Hace unos días, publiqué una crónica del concierto de Zaragoza y conté que el evento fue épico, memorable y emotivísimo. El show que disfrutamos en Madrid no fue tan de cantar de gesta, pero, aún así, sorprendió para muy bien en cuanto a duración, intensidad y compromiso. No fue un mero trámite. El cantante –a Dios gracias- se excedió, vulneró los límites, tuvo que “destocar” tres canciones porque se pasó con el tiempo. Y eso, el respetable, que se entregó en voz y alma, lo agradeció. Lo que vimos/escuchamos en el Barceló no fue un trámite, sino una exhibición pelín reducida de un espectáculo que, en suelo patrio, muere este sábado –en el Dcode-, emigra a América, y concluirá para dar paso –y esto me encanta- a un nuevo disco, con canciones inéditas, que, en palabras del propio Enrique, “serán más oscuras” y está “deseando grabar”.

El guion del concierto fue mellizo al de Zaragoza, si bien no gemelo: amén de los obligados –y escasos- recortes, la tropa se topó con “Ódiame” –ya contamos que sonó en la prueba de sonido del Príncipe Felipe-. Hubo un recuerdo previo a Joaquín Luqui. Volaron un par de botellas –sin violencia, eh- desde el escenario hacia la zona VIP y hacia la arena. El sonido fue, como poco, notable. El público se manifestó vivo, bravo y agradecido. Todos acabaron/acabamos contentos.

Sólo una cosa más –el texto de hoy es breve-: tomemos conciencia de lo que es Bunbury. Soy de los que lo escuchan casi a diario, pero, cuando uno está cerca, cuando uno repite el plato de sus directos y se empapa del arte que ofrece en la distancia corta y tangible, etc., la admiración, como poco, sube un par de grados. Caray, es un verdadero gigante, está en plena forma, su ritmo de producción es generoso en extremo –2013: Palosanto; 2014: gira; 2015: El libro de las mutaciones; 2016: gira- y quienes tenemos hambre y sed de música en español de calidad tenemos un clavo magnífico al que agarrarnos.

Algún talibán indie o algún comisario político disfrazado de crítico musical dice lo contrario. Pues ni puñetero caso.

El sábado termina la etapa española del Mutaciones Tour. Aún están a tiempo. Aprovechen.

Los 5 'platos fuertes' del DCode Festival 2016.



Llega septiembre y en la línea del horizonte se divisa, una vez más, la última gran fiesta musical de la temporada, con un DCode Festival absolutamente maratoniano que comenzará a las 11:30 de la mañana del sábado 10 de septiembre y terminará pasadas las cinco de la madrugada ya del domingo. Algo así como 18 horas de conciertos sin tregua.

El cartel incluye artistas tan dispares como Bunbury, Love of Lesbian, Kodaline, León Benavente, Belako, Mark Ronson, Eagles of Death Metal, Zara Larsson, Triángulo de Amor Bizarro, Carla Morrison, Delorean, Jungle, Jimmy Eat World, M Ward y 2ManyDjs, por citar algunos de los nombres más destacados de este festín musical.

Una larga jornada, en definitiva, para despedir al verano haciando un 'akelarre musical' en los terrenos de la Universidad Complutense, convertidos de nuevo en necesario lugar de reunión para todos los que gustan de la música en directo. Una jornada con muchas propuestas y con cinco platos fuertes que bien merecen la visita al DCode. A saber:

BUNBURY

Última parada en territorio español del 'Mutaciones Tour' con el que Bunbury ha recorrido previamente países como Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, México y Estados Unidos. Precisamente estos dos últimos serán su próximo destino durante el otoño para dar terminar una gira en la que, aparte de sus temas como solista, recupera varios clásicos de su anterior banda, Heroes del Silencio, siempre con una entrega derrochadoramente sudorosa.

EAGLES OF DEATH METAL

Eagles of Death Metal cancelaron sus conciertos en España de diciembre del pasado año después de que 89 personas fueran asesinadas en su funestamente famoso concierto en la Sala Bataclan de París en noviembre. Con mucha garra, volvieron a ponerse en marcha y tenían previsto visitarnos en marzo, pero tuvieron que suspender otra vez, en esa ocasión por rotura de un tendón de un dedo de Jesse Hughes. Hay muchas ganas de verles por aquí y de mostrarles afecto tras aquellos ataques terroristas a la capital francesa.

ZARA LARSSON

Poco o nada tiene que ver la sueca Zara Larsson con Bunbury o Eagles of Death Metal, pues lo suyo es el pop electrónico jovial y bailable repleto de melodías como las que podemos degustar en sus éxitos 'Lush Life', 'Never forget you', 'Uncover', 'Carry you home' y 'Rooftop'. Su visita a Madrid llega después de un verano en el que ha triunfado junto a David Guetta en 'This one's for you', el tema oficial de la pasada Eurocopa de fútbol. Y además, tiene flamente nuevo single, 'Ain't my fault'.

MARK RONSON

Dj, compositor y productor, este londinense de 40 años es un nombre esencial en la música del siglo XXI en sus múltiples facetas: Ya sea como productor de Amy Winehouse o perpetrando pelotazos como 'Uptown funk' junto a Bruno Mars, single con el que arrasó con todo hace un par de temporadas. En sus recitales no faltan versiones de clásicos del pop, el hip hop y el soul, por lo que es fácil imaginar los fiestones que termina montando el bueno de Mark Ronson.

LOVE OF LESBIAN

Con su último disco, 'El Poeta Halley', bajo el brazo, el grupo barcelonés ha dado este verano varias veces la vuelta al cuentakilómetros de su furgoneta. Tanto han viajado que da la sensación de que han estado en todos y cada uno de los festivales del territorio español y, bueno, lo cierto es que pocos les han faltado para hacer un completo bien completo. Tres años después de su anterior visita, regresan al DCode para reencontrarse con el público madrileño que abarrotó la sala La Riviera tres noches consecutivas el pasado mes de abril. Karaoke colectivo asegurado.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los 40 presentan la nueva temporada al ritmo de Bunbury.



Tras un verano de vacaciones y descanso, el equipo de LOS40 presentó la nueva temporada y lo hace por todo lo alto en el Teatro Barceló.

Los 40 presentan la nueva temporada al ritmo de Bunbury.
Entre los asistentes destacó la presencia de dos colaboradores de la emisora de radio que son dos rostros conocidos: Mario Vaquerizo, que colabora en Yu No Te Pierdas Nada junto a su mujer Alaska y Almudena Cid, la nueva incorporación de esta temporada en el programa Anda Ya.

Tras el acto los asistentes pudieron disfrutar del exclusivo Básico Opel Corsa Los40 con Enrique Bunbury.

LOS40 están de enhorabuena y es que durante este año celebrarán el 50 aniversario de la cadena.

Bunbury (2016) Teatro Barceló. Madrid.



Bunbury en el Teatro Barceló: 'Evolucionar es vivir, mutar es perdurar'

Poco o nada se parece Enrique Bunbury, con 49 años recién cumplidos, al que con apenas trece años compró su primera guitarra en una Zaragoza que tampoco tiene nada que ver ahora con lo que era entonces. Y, felizmente, cualquier coincidencia con el muchacho que pasó la primera parte de los ochenta en grupos como Rebel Waltz, Proceso Entrópico o Zumo de Vidrio, es purita coincidencia.

Anda Bunbury desde marzo recorriendo el mundo con este 'Mutaciones Tour' con el que ha pasado todo el verano en España, celebrando además sus treinta años de andadura musical (aunque son algunos más), tal y como ya degustamos el pasado mes de julio en un desbordado Teatro Real de Madrid -crónica AQUÍ-. Pero parece lógico marcar la onomástica a partir de la formación de su anterior banda, Héroes del Silencio, con la que cosechó descomunal éxito hasta su separación en 1996. Dando paso después a otra fase en solitario, mutación radicalmente sonora mediante.

Porque si hay algo que se mantiene constante en Enrique Bunbury es precisamente su necesidad de evolución constante, de mutación permanente. Viajando sin billete de vuelta, haciendo del camino infinito su razón de ser, adentrándose con curiosidad en diferentes terrenos estilísticos y, de paso, colaborando con multitud de colegas de profesión en un proceso constante de aprendizaje e intercambio.

Y, bueno, tras arrasar el pasado sábado en su Zaragoza natal, Bunbury tenía una semana entera libre antes de su última fecha española de la temporada, el 10 de septiembre en el DCode Festival madrileño. Pero como aparentemente no sabe parar, ahí se cruzaron los de Los 40 para proponerle un 'Concierto Básico' que se ha sumado a última hora a su periplo, aprovechando que este martes la emisora presentaba en el Teatro Barceló de Madrid su nueva temporada, que coincide a su vez con su cincuenta aniversario. Mucho que celebrar, por tanto, en una noche que es todo un privilegio.

Así que ante un público repleto de fans congregado por invitación, la primera pregunta era si Bunbury ofrecería realmente un 'concierto básico', es decir, acústico, como de hecho es su última producción discográfica, ese 'MTV Unplugged: El libro de las Mutaciones' que es además la excusa para su regreso a la carretera. Pero no. Como él mismo ha dicho desde el escenario, les propusieron hacer un básico y ellos optaron por hacer "básicamente" lo que saben hacer.



Amplificadores a tope y todos los instrumentos enchufados para 'Iberia Sumergida', primer disparo (con mirada a Héroes del Silencio) que pone las cosas claras y al público a corear con impetuosa vehemencia. Y eso sí que se mantiene inalterable durante 'El club de los imposibles', 'Porque las cosas cambian', 'Ódiame' y ese pasaje avasallador que conforman otros dos recuerdos a su exbanda, 'El camino del exceso' y 'Avalancha'. Con el Teatro Barceló del revés a estas alturas.

Porque el estado de forma actual de Bunbury es básicamente pletórico. Sin duda todas sus anteriores mutaciones le han llevado hasta el punto actual en el que maneja el escenario como nadie y ejerce sin rubor como el mejor vocalista de la música española (con permiso de Carlos Tarque de M Clan, claro). Su carisma reluce incesantemente y el público de las primeras filas se estremece cuando se acerca para cantarles mirándoles a los ojos, en un ejercicio de comunicación total y de inapelable conexión.

Se suceden los temas mientras los 800 asistentes pierden progresivamente cada vez más los papeles. A saber, 'Que tengas suertecita', 'Puta desagradecida', 'El extranjero', 'Infinito', 'El hombre delgado que no flaqueará jamás' y 'Despierta', antes de volver a encadenar dos composiciones de Héroes del Silencio que suponen uno de los puntos culminantes de la velada. No es para menos, pues hablamos de 'Mar adentro' y 'Maldito duende', tema este último con el que Bunbury se adentra entre el público provocando la consabida histeria colectiva.

'Maldito duende', además, suena especialmente rockosa gracias a la solvencia y versatilidad de Los Santos Inocentes, la banda de Bunbury, que tan pronto lanza salvajes guitarrazos a través de Álvaro Suite y Jordi Mena como que pone a todos a bailar con el acordeón de Jorge Rebenaque. Las percusiones de Quino Béjar encajan a la perfección con la potente pegada de Ramón Gacías, integrando junto a Robert Castellanos una base rítmica tan musculosa como juguetona y, ante todo, nada conformista.

'Sí' y 'Lady Blue' son recibidas con total algarabía e irrefrenable alboroto por un público que, sin duda, no pensaba que esto fuera a dar tanto de sí. El propio Bunbury comenta distendido y socarrón tras un breve descanso que el plan inicial era tocar como una hora, por lo que, como ya se habían pasado, tendrían que "destocar" un par de canciones. La broma es acompañada por su propia sonrisa pícara y la de sus compinches, que de inocentes tienen más bien poco (y de santos tampoco, tememos).

Así es como remachamos el recital bajando el volumen de la distorsión pero aumentando el de la emotividad con 'Más alto que nosotros solo el cielo' y 'De todo el mundo', antes del desenlace definitivo e inevitable con 'Y al final'. Porque así, con el corazón en un puño, es como en esta banda dicen adiós. Hasta el próximo sábado en el DCode Festival, donde ya ninguno de nosotros seremos los mismos. De la misma manera que el que esto escribe tampoco es ya el mismo que esta tarde estuvo en el Teatro Barceló. Evolucionar es vivir. Mutar es perdurar.

Lugar: Teatro Real. Madrid
Fecha: 6 septiembre 2016
Asistencia: 800 personas
Artistas Invitados:
Músicos: Enrique Bunbury (voz y guitarras), Álvaro Suite (guitarras), Jordi Mena (guitarras), Robert Castellanos (bajo), Jorge Rebenaque (hammond, piano y acordeón), Ramón Gacías (baterista) y Quino Béjar (percusión)

Bunbury y sus 30 años de carrera "Heróicos".



Por Javier Caro.- Enrique Bunbury ha mutado. Y ha mutado no sólo porque su gira se llame Mutaciones Tour, sino porque ha conseguido pasar página y naturalizar sus canciones de Héroes dentro de su cancionero en directo. Es como si una pequeña porción de la banda aragonesa se materializara en forma corpórea en cada nueva actuación. La última vez que asistí a un concierto de Enrique, Kike para los amigos, venía acompañado de sus jinetes heroicos. Era el 2007 y la crisis todavía no nos había golpeado de un modo tan cruel como hiciera poco después, parecía como si con ese concierto y su correspondiente atasco de 17 km, se fueran apagando las luces de neón que nos iluminaban el camino de oropel. Como el final de una era de macroconciertos y de espectáculos masivos.

Enrique regresaba a Valencia con un buen puñado de sus canciones más emblemáticas, esas que han marcado su carrera en solitario y con Héroes. Es el momento de echar la vista atrás, de recoger lo sembrado y volver a servirlo en otros platos, con otros aderezos, con otros sabores. Me sorprendió ver una plaza de toros algo desangelada, no parecía existir ese rumor de ilusión y algo de fanatismo entre su público, sino más bien reverencia y tranquilidad. La organización nos comentó que tuvieron una asistencia de 5.600 personas, una cifra nada desdeñable para esta ciudad.



Unos minutos después de las 22.00 horas saltaron a las tablas Ramón García, Álvaro Suite, Jorge Rebenaque, Jordi Mena (soberbio en todo el concierto), Quino Béjar y Robert Castellanos. Y detrás de ellos la estrella de la noche, estrella con gafas de aviador, chupa y pantalones de cuero, toda una estrella del rock. ‘Iberia Sumergida’ sonó algo fría, descafeinada en su composición y en la garra que el tema precisa, es cierto que Bunbury ha creado nuevos arreglos para sus temas con Héroes, pero aquella falta de fuelle, de gasolina explotando, me dejó algo descolocado. La gente no reaccionó de un modo entusiasta, sino más bien entretenido. Expectante por lo que podía venir después.

‘Club de los Imposibles’ tuvo mejor acogida, se notaba desde el segundo uno que la gente que había en la Plaza había venido a ver esa segunda etapa de Enrique y no tanto sus primeros años. Al terminar el tema la luz se fue y dejó fuera de onda al cantante que no sabía qué hacer, fueron unos minutos para corear su nombre, comprar algo de bebida y comentar el inicio del bolo. Enrique estaba algo distante, de hecho estuvo distante en la mayoría del concierto, poco asertivo con su banda, poco comunicador con el público y tejiendo un setlist que nos hacía ir de lo más “fuerte” a lo más suave canción tras canción.

‘Sirena Varada’ fue increíble, más por la letra que la música, pero el público no reaccionó tan efusivamente como cabía esperar. ¿En qué momento saltaría la chispa del concierto, esa que detona la emoción por parte de la gente y los músicos? Muy aplaudida fue ‘Que tengas suertecita’ y ‘Alicia’, un tema que no solía tocar en sus directos, pero que está tan enraizada en el colectivo sentimiento de desvinculación de una etapa y la entrada en otra, que suena a punto de inflexión, es la canción por la que muchos se engancharon al zaragozano y por la que muchos lo abandonaron, quizás regresando más adelante.

‘Radical Sonora’ es el álbum que rompió un ciclo y comenzó otro, la que lo alejó del rock y lo acercó a buscar en su interior qué quería hacer, no es el disco que lo consolidó, ni mucho menos, pero fue el que abrió una puerta hacía el alma de Enrique, ese alma que ha intentado mostrar en cada trabajo. Sin ‘Radical..’ no hubiera llegado nunca esa joya llamada ‘Flamingos’.



‘El Extranjero’ fue la que prendió la mecha, la que inundó de felicidad a la gente, la que nos levantó a todos. Sonó igual que en el original, no la había hecho mutar, y eso, personalmente, creo que se agradece. ‘Maldito Duende’ sonó extraña pero genial, el público se creció, quizás azuzado por la canción precedente. Sea como fuere, fue la primera de su etapa primigenia que despertó las gargantas del respetable.

Enrique se bajó al foso y cantó la canción con el público, con su público, en el primer y último momento que se le vio cercano. La banda se marcha y nos quedamos con ganas de algún bis potente, ya que el concierto estaba siendo un ir y venir de auténticos clásicos. ‘La Chispa Adecuada’ es otra de las perlas que tenían reservadas y que contagiaban energía y pasión entre la gente. El segundo bis fue flojo, algo soporífero, no porque estuviera mal, que sin duda no lo estaba, sino por la caña que nos había dado en todo el concierto y el empecinamiento en terminar de un modo tan relajado. Terminamos con ‘Y al final’, y con una despedida al nivel de lo presenciado, algo distante.

Enrique se fue y dejó a su grupo solo para despedirse, ellos hicieron piña y se amontonaron en el centro del escenario para dedicarnos una despedida entre aplausos. Enrique no salió más, tal vez dándoles ese punto de importancia a sus músicos, dejándoles paladear ese instante de fervor y de comunión. Es una lástima ver cómo los temas de su época con Héroes no acaban en encajar en el conjunto de su setlist, no porque sean malos (¿cómo van a ser malas las canciones de Héroes?) sino porque parece que no acaban de gustar a su público, o al menos no terminan de ser parte del bagaje musical de su segunda etapa.

Bajarle las revoluciones a ‘Iberia…’ o a ‘Avalancha’ puede despojarlas de su verdadero atractivo. No tuvieron el impacto deseado, quizás porque habían perdido el corazón y el rock o porque tantos cambios no gustan en verdaderos clásicos. El concierto tuvo un nivel muy alto y Enrique demostró que su estado de forma, tanto vocal como físico, es inmejorable, además de hacernos entender que esto del rock es un gran circo donde sin la parte de espectáculo se pierde una pata. Esperemos que vuelva pronto a la ciudad de Valencia y que siga apostando por el rock & roll.

martes, 6 de septiembre de 2016

Un huracán llamado Bunbury.



Presenciar un concierto de Enrique Bunbury en Zaragoza es como asistir al concierto de Año Nuevo en Viena, vivir un partido del Real Madrid en el Bernabéu o jugar una partida de black jack en el Bellagio de Las Vegas. Algo inigualable. Un lugar donde se mezclan las emociones y los deseos y que no deja de ser una consecuencia mortal de la admiración artística por el músico maño que cerrará la gira española “Mutaciones” en su ciudad natal de donde germinó el embrión de lo que hoy supone a nivel musical el interprete de rock más importante de nuestro país.

Plantearme los cientos de kilómetros para acudir a la cita como losa adherida a la pereza nunca fue una realidad, es más, la ilusión y la arrogancia encumbra este próximo concierto a una de las citas que con más aliento acudo.

La compañía de alguien muy especial para mi hace que volvamos a compartir un concierto otra vez de Bunbury y otra vez en Zaragoza casi nueve años después del histórico concierto de Héroes del Silencio en el estadio de La Romareda supone un aliciente y una motivación para vivir las canciones con la pasión desbordada en este corazón que no se cansa de latir.

Además, la perspectiva retrospectiva que el autor zaragozano firma para esta gira convierten su espectáculo en un continuo éxtasis de emociones donde las canciones de Héroes del Silencio se entrometerán con las de su carrera en solitario.

Gracias a que LadyTristeza tuvo a bien enviarme al olvido podré vivir con una emoción desbordada canciones como Infinito o Lady Blue, a la vivido durante muchas noches transitaré por El camino del exceso o nadaré Mar adentro para vivir una noche sin restricciones pasionales. Le pediré al presente Que tengas suertecita y que acuda a El rescate si así lo requiero. También me contaminó su pasión por los viajes, gracias a De todo el mundo o Planeta Sur elviajeambulante pude realizarlo.

No hay lágrimas, ni nostalgias, ni besos, ni esperanzas que compensen un concierto de Bunbury. No hay recompensa porque sus canciones representan todo ese tipo de gestos y sentimientos. No hay consecuencias más que las de una posible inmolación al precipicio de la exaltación, un cóctel explosivo de consecuencias impredecibles directas sobre el corazón.

No deja el cantautor aragonés indiferente a ningún asistente. En su cuadrilátero de confesión el púgil maño transmite la inconfundible personalidad de sus canciones cuales remedios o alusiones.

Apenas unos cuantos acordes para perder la noción del equilibrio. Déjenme estar entre dos tierras.

Enrique Bunbury. Pabellón Príncipe Felipe. 3/9/16. Por Stabilito, D. y Ángel Burbano


Considero que ya es hora de darle al César lo que le corresponde. Son años y años de recompensas, de guiños y de aplausos y convencimientos pero el runrún sigue presente y, créanme, no es justo. Enrique Bunbury, emblema aragonés, lleva tiempo de trabajo para ganarse al respetable a base de uno de los cancioneros más sólidos de la historia del rock en castellano. Ya nadie se debería de acordar de los episodios de Zuera o de la Oasis; ya todos y todas deberíamos respetar al artista, al rockstar del vecindario, al ciudadano que ha traspasado fronteras y fondos.

Y este Mutaciones Tour es muestra de ello; un repaso absoluto por los más de treinta años de Bunbury sobre la faz de la tierra…y esto en medida de canciones es un saco inmenso. El pabellón zaragozano (Abós mejor que Borbón) se llenó de almas para cantar y repasar los himnos de un mortal convertido en semidios para algunos. La mitología de Bunbury se puede vislumbrar en el rostro de cualquier oyente que esboce sonrisas con los primeros acordes de Iberia Sumergida (el cáncer español tan presente y tan inherente), Sirena Varada, Maldito Duende o El Camino del Exceso que ayer sonaron distintas (toques de surf, blues y New Orleans) con el toque distintivo de Los Santos Inocentes, banda acompañante del zaragozano en los últimos ocho años y que le ha sumergido en el rock de raíz. Y eso que no fueron solamente los temas de Héroes del Silencio los que ganaron al respetable (que lo hicieron), las canciones de su longeva etapa en solitario fueron las que más engancharon a un público con ganas de marcar un día histórico en su calendario de conciertos.

Sonaron muy grandes, inmensas, El club de los Imposibles, Lady Blue, El Extranjero, Más alto que nosotros sólo el cielo, Sí o Infinito; llamaron a la puerta de los sentimientos de muchos e hicieron que sonará ridículo cualquier reproche o alusión a la modernidad (esta ciudad es de traca). El repaso por todas las épocas del aragonés errante fue irregular (Radical Sonora y Bushido gritaron desesperadamente por su ausencia) pero acertado y es que el reencuentro con Héroes del Silencio fue tal que puede dar lugar a futuras sospechas (y con razón).

Bunbury obvió parte de su historial en solitario en favor de un público melancólico, deseoso de arrimar el brazo y susurrar versos al oído de su pareja. Una vez más Enrique, nuestro Enrique, vuelve a marcar una muesca más a su fusil y deja a todos encantados de conocerle. Los habitantes, De todo el Mundo y Y al final pusieron el listón muy alto como broche final. Podemos estar orgullosos de pertenecer a la época de plenitud del rockero íbero por excelencia. Disfrutémosle y agradezcamos cada giro que haga porque seguramente él tendrá razón y nosotros, con el tiempo, se la daremos.

Enrique Bunbury pondrá a cantar a México.



Enrique Bunbury, una de las figuras más representativas del rock en español, llega a México como parte de su gira Mutaciones Tour 2016, con la cual promociona el álbum titulado “MTV Unplugged: El Libro de las Mutaciones”.

Este disco consiste en una recopilación de las 15 canciones más representativas del cantautor de origen español, mismas que fueron grabadas en vivo para conmemorar sus 30 años de trayectoria.

Así, Bunbury ofrecerá un total de 10 conciertos en el país, comenzando en el Auditorio Nacional, en la Ciudad de México, los días 28 y 29 de septiembre, así como el 1, 4 y 5 de octubre.

Después, el intérprete visitará otros escenarios de la República, como el Auditorio Metropolitano, en Puebla, el 8 de octubre; Auditorio Banamex, en Monterrey, el 12 de octubre; Plaza de Toros Santa María, en Querétaro, el 18 de octubre; Plaza Monumental Playas de Tijuana, el 21 de octubre; y Plaza de Toros Calafia, en Mexicali, el 23 de octubre.

Bunbury comenzó su carrera artística en 1986, como parte de la banda Héroes del Silencio, con la cual permaneció 10 años, durante los que grabó cuatro discos que se sumaron al acervo que define al rock español. En 1996, la agrupación se separó y Bunbury decidió iniciar su camino como solista, el cual continúa con éxito hasta la actualidad.

¿Vas a asistir a alguno de los conciertos de Enrique Bunbury? Disfruta sus éxitos en Claro música, donde también está disponible su más reciente material, “MTV Unplugged: El Libro de las Mutaciones”. Y si quieres recordarlo en su época con Héroes del Silencio, en la plataforma también se encuentran las rolas representativas de la banda.

Bunbury en Zaragoza - Video Resumen - El Pabellón del Príncipe.



Bunbury en Zaragoza - Video Resumen - El Pabellón del Príncipe. Ahora les comparto este video de la más reciente presentación de Enrique en su natal Zaragoza, por lo que he leído ha sido una de las mejores presentaciones. Aquí se muestran algunos de los temas que interpretó.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Enrique Bunbury, en concierto Básico Opel Corsa con LOS40.



En LOS40 siguen celebrando a lo grande sus 50 años, por eso, han querido contar con la figura más internacional de nuestro rock para una cita imprescindible: Enrique Bunbury, que será el protagonista de un nuevo BÁSICO 40 OPEL CORSA. El artista zaragozano estará el próximo 6 de septiembre en el Teatro Barceló de Madrid para ofrecer el concierto más especial de su Mutaciones Tour 2016.

Sobre el escenario, le acompañará su banda Los Santos Inocentes, que repasarán con él treinta añazos de carrera, así que seguro que escuchamos éxitos de su etapa con Héroes hasta sus más recientes temas.

Las invitaciones para este Básico se agotaron en muy pocas horas pero aún tienes la oportunidad de conseguir alguna. Entra en el perfil de Facebook de Opel Corsa y participa en el sorteo de las últimas invitaciones. Recuerda: 6 de septiembre en el Teatro Barceló de Madrid a las 8 de la tarde.

El pasado noviembre se ponía a la venta el último disco del artista, un MTV Unplugged titulado Bunbury: El libro de las Mutaciones, que había sido grabado el 1 de septiembre de ese año en La Ciudad de México.

Su primer single fue La chispa adecuada, que contó con la participación de León Larregui de Zoé. En el álbum también encontramos a artistas de la talla de Vetusta Morla o Draco Rosa. Su nuevo tema es Ahora, el track que abre esta colección de canciones.

Bunbury en Zaragoza: la gloria del dragón rojo.



Este sábado, en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, un chaval de unos seis o siete años, con cara de ángel alemán, se desgañitaba y saltaba más que Ruth Beitia mientras Bunbury, a quince/veinte metros, sobre el escenario, interpretaba “Sí”. El crío, que lucía una camiseta de Héroes del Silencio, cantaba/bailaba/reaccionaba como si estuviera ante un superhéroe. Era fascinante ver cómo, a medida que se sucedían las canciones (y eso que el show estaba a punto de finalizar), el muchacho no perdía fuelle alguno. Por eso, al terminar el concierto, le advertí al padre:

–¡Menudo torbellino!
–Se llama Enrique por él –respondió refiriéndose al cantante.

Lo que hizo Bunbury este sábado en Zaragoza bien merece un bautismo. Fue una exhibición inolvidable y excesiva de talento, intensidad y empatía. El cantante desmintió de un modo radical y afectivo aquello de que nadie es profeta en su tierra –al entonar los versos “También extraño en mi tierra / aunque la quiera de verdad” en “El extranjero”, el polideportivo reventó en aplausos-. Eso no parecía Zaragoza/Aragón/España, sino Santo Domingo, Bogotá o México DF. Eso era un lugar equis de América Latina. Todo podría resumirse en dos palabras que me dijo Álvaro Suite, con una sonrisa imposible de ocultar, al finalizar el show: “¡Qué bolaco!”.

Y tanto.
Rebobinemos. A las seis y media de la tarde, cientos de personas hacían cola con un solo objetivo: estar lo más cerca posible del escenario. Zaragoza machacaba con un calor asesino, pero algunos de ellos ya llevaban ahí unas seis horas –nobleza obliga: a quien pregunté, no sé si me dijo que llevaba seis horas, o, más extremo aún: desde las seis de la mañana-. Eso es amor, quien lo probó lo sabe (Lope de Vega).

Dentro, Los Santos Inocentes ensayaban aún sin Bunbury “El extranjero” –“Necesito más banjo, por favor”, pedía Suite- y “Ódiame” –pieza que, al final, no fue incluida en el repertorio-. En un descanso, saludé a Robert Castellanos. Hablé con el bajista sobre la tropa fiel que ansía la apertura de puertas. “En América es aún más bestia”, me contó. Después, la conversación derivó en Bowie –este sábado supimos que, en breve, verá la luz una versión ampliada de Blackstar-: “Me gustó más el penúltimo disco, The Next Day, que el último. Ahí está “You Feel So Lonely You Could Die”, que no es sólo una de las mejores canciones del álbum, sino de toda su carrera”.

Poco antes de las siete y media llegó Bunbury. En la prueba de sonido ensayó “La sirena varada”, “Malas intenciones”, “Puta desagradecida” e “Iberia sumergida”. Jose Girl, cuando terminó de disparar sus flashes maravillosos y de rodar sus cápsulas mutantes, me dijo que había sido afortunado, porque “Malas intenciones” no estaba incluida en el set-list. También hablamos del concierto del Teatro Real en Madrid –“fue enorme, increíble, de verdad”- y contemplamos cómo, justo al producirse la apertura de puertas, la gente corría como podencos para ocupar el mejor sitio posible.

El coso se fue llenando de “gentes de cien mil raleas” (Serrat): familias con sus niños, parejas de veintipico, un grupo de cowboys, una panda de jevis, un tipo con la camiseta del Real Zaragoza, el dorsal 7 y el nombre de Bunbury estampado, etc. Se congregaron, más o menos, ocho mil almas. A las diez en punto sonó la versión de “Lawrence of Arabia” de The Tornados, y, al finalizar, pam, apareció Bunbury, con un traje negro con dragones rojos, made in Álvaro Pérez Fajardo, mucho más próximos a Oriente que al monstruo apocalíptico de William Blake, con esa “Iberia sumergida” actualizada, más tex-mex, más Licenciado Cantinas, con un arreglito de Rebenaque que recuerda al riff de “Ashes to Ashes”. Tras “El club de los imposibles”, el cantante proclamó que “es un inmenso placer estar de vuelta en casa” y anunció “un recorrido por tres décadas de canciones”: “La sirena varada”, “Porque las cosas cambian”, “El camino del exceso” –con los teclados de Rebenaque y la guitarra final de Jordi Mena rugiendo- o “Puta desagradecida” –con un gran sólo prolongado, de los que apuñalan, de Suite-. En el tramo final del show, sonaron “Mar adentro” y “Maldito duende”. En esta última, Bunbury se hizo un Nick Cave y se metió a cantar entre el público, agarrando manos y chocando palmas. –Con esta canción nos vamos a despedir –dijo Bunbury antes de arrancar con “Lady Blue”.

–NOOOOOOOO!!! –respondió el público unánime.
Fue un amago. La primera tanda de bises estuvo compuesta por “Más alto que nosotros solo el cielo”, “Sí” y “La chispa adecuada”. La segunda empezó con un “si no tienen otra cosa mejor que hacer, vamos a tocar un poco más para ustedes”. Bunbury se encontraba en la gloria. Y pam, sonó explosiva “Los habitantes”. “De todo el mundo” la terminó de rodillas, y así empezó el epílogo: “…Y al final”. Cuando Los Santos Inocentes se retiraron, la tropa, insaciable, se quedó cantando “Stand by me”. Muchos asistentes, aún hipnotizados, decían que había sido el mejor concierto de Bunbury en su casa. Les sobraban los motivos.

Bunbury, una estrella de casa.



Bunbury jugaba en casa, aunque en una de sus canciones deja claro que "donde quiera que estoy el extranjero me siento". Y el público le demostró desde incluso antes de que saliera al escenario que Zaragoza es su casa. Llenó (prácticamente) el Príncipe Felipe y aplaudió a rabiar cada una de sus interpretaciones y sus palabras, que, por cierto, no fueron muchas, aunque dio las gracias por el cariño recibido en numerosas ocasiones. Anoche, además de Bunbury, fue Enrique (así lo corearon), uno de los nuestros.

Con una puntualidad rara en un roquero, apareció en el escenario solo un par de minutos después de las 22.00 horas. Vestido de negro riguroso con unos dragones rojos bordados y gafas de sol, que no se quitaría hasta la tercera canción. No hizo falta mas que su presencia y un par de gestos bunburianos, de esos que gustan tanto a los fans y que él repite varias veces en cada canción, para que se metiera al público en el bolsillo.

El zaragozano celebró sus 30 años de carrera musical con este Mutaciones tour en su segunda parada aragonesa (la primera fue en Pirineos Sur) y una de las últimas de España, ya que pronto volverá a cruzar el charco. Y el nombre de la gira viene que ni pintado --su último disco lleva por título El libro de las mutaciones--, porque en estas tres décadas, Bunbury se ha reinventado en varias ocasiones. Anoche sonaron canciones de estos treinta años, de sus discos con Héroes del Silencio, de las de su primera etapa en solitario con el Huracán Ambulante y de esta última, con la banda Los Santos Inocentes. Las abordó de forma diferente --algunas de forma excesiva en cuanto a lo musical-- pero nunca con nostalgia. Todas sonaron como si fueran nuevas (el formato Unplugged se queda pequeño para lo de anoche); pero no desconocidas.

REPASO HISTÓRICO

Iberia sumergida, firmada con Héroes, fue, como en toda la gira, la canción elegida para abrir el concierto, para seguir con El Club de los imposibles y recordar que "siempre es un placer estar de vuelta en casa". Ese fue el único guiño al público, al que invitó a "recorrer tres décadas de canciones. Espero que el repertorio sea de su agrado".

Recuperó Dos clavos a mis alas, escrita para Raphael; Sirena varada (suena de forma maravillosa en esta nueva versión), Porque las cosas cambian, El camino del exceso, Avalancha o Que tengas suertecita. Interpretó también Puta desagradecida, que formaba parte del disco que grabó con su "hermano" Nacho Vegas hace ya una década, El tiempo de las cerezas.

La primera apoteosis llegó con El extranjero, donde recordó que no es un hombre de patrias ni banderas (aunque le tiraran una de México); y continuó con Infinito, donde se subió a una plataforma que le acercaba más al público, que casi podía tocarlo. Y El hombre delgado que no flaqueará jamás. Reinterpretó también clásicos como Mar adentro, Maldito duende o La chispa adecuada. Y demostró, que es uno de los mejores artistas en directo, que sus canciones suenan hoy, algunas 30 años después de ser compuestas, mejor incluso que entonces; que Zaragoza es su casa, aunque le duela; y que las mutaciones (las seguirá habiendo, sin duda) no han hecho más que hacerle más grande.

Bunbury enamora a todas las musas y triunfa con estrépito en la tierra que le vio nacer.


Fue anoche, pero después de visto o vivido y alucinado por lo escuchado, el relato suena mejor en presente: vaya por delante la disculpa por la licencia. Imaginen. Pabellón casi lleno, están todos los que las normas admiten: ocho mil almas, algunas vendidas al exceso, otras cándidas por vocación, muchas deseosas de revivir sonrisas arcanas que solían brotar con facilidad y ahora se quedan demasiadas veces ahogadas en la contención social. Lo que se masca no es la tragedia, no. Se parece a jolgorio contenido, un torrente de entusiasmo listo para brotar. Bunbury y sus cuates andan en el edificio, van a salir, y se avecina ventolera en la tierra del cierzo.



Desde la tarde hay cefirillo, un soplido cómplice que acompaña a los más madrugadores. Nacho Cristóbal es un privilegiado: ha podido disfrutar de la prueba de sonido. "Me han temblado las rodillas con ‘Sirena varada’, qué recuerdos", confiesa. Su agradable dolencia se repite tres horas después, multiplicada en varios miles de rótulas, cuando la amplificación del escenario lance al aire las notas de ‘Lawrence of Arabia’ como introducción, con luz roja bañándolo todo. ‘Iberia sumergida’ es la primera prueba de toque, como ocurriera en Lanuza. Héroes para la andanada inicial: no falla.



De ahí en adelante se activa el carrusel. Treinta y ocho conciertos después, el ‘Mutaciones Tour’ funciona a pleno rendimiento en las alturas, como la nave de Robur el Conquistador: la paradoja estriba en que no hay nada de maquinal en el discurrir de la noche. La velocidad de crucero brilla por su ausencia, sepultada tras los altos y bajos: el repertorio se ha enhebrado con suaves trasiegos de pico a valle marcados a cincel en el bajorrelieve que registrará la magia de la noche. Cada canción es un golpe, enguantado a veces, a mano pelada otras, que alterna los impactos entre los dos lóbulos del cerebro y las entrañas. Todo fluye, como nunca antes, y eso es mucho decir.



Segundo asalto: ‘El club de los imposibles’. Guarda tu dinero para medicamentos, vocean todos. "Es un inmenso placer estar de vuelta en casa", dice el pregonero mayor del reino. "Vamos a hacer un recorrido por tres décadas de canciones". Con ‘Dos clavos a mis alas’, una de las canciones rescatadas para la gira -una que, en teoría, no todos conocen- llega la prueba de fuego. El pabellón la vocea: los pulmones hinchados, los pechos henchidos. Orgullo y satisfacción, majestuoso todo. Cuando las mazas de Ramón Gacías sobre los parches de su batería comienzan a a marcar el paso en ‘Sirena varada’, Bunbury se queda mirando al tendido con cara de niño. Está feliz. Se marca una pose de arquero, a lo Kiko el del Atlético, una versión del Usain Bolt mano en oreja. Y sigue el aquelarre.

No se vayan todavía...



Más. Gacías se motiva a lo Motown para pavimentar el camino en ‘Porque las cosas cambian’, con Bunbury guitarra en mano. ‘El camino del exceso’ marca la sorpresa en muchas caras: es quizá el tanino más añorado del ‘Espíritu del vino’. Cuando llega el final de la primera tanda, en ‘Maldito duende’, el hombre al que persiguen los focos los comparte con su público: ahí en medio de todos, bañado en abrazos. ‘Lady blue’, como en Lanuza hace cinco semanas, será el guiño para dar paso a los bises.



"Esas guitarras están increíbles. A Enrique solo le falta entrar en una banda sonora de Tarantino. Me encanta el sonido". Palabras de Nacho Serrano, de Niños del Brasil; su compadre Santi Rex no anda lejos, con la sonrisa de oreja a oreja. Es el turno de ‘Más alto que nosotros solo el cielo’: Bunbury anda ahora de rojo tras toda una noche de antónimo luto, porque de funeral nada... o quizá sí, porque la calima húmeda de Zaragoza la emparenta esta noche con Nueva Orleans, y en el escenario hay algo de vudú. O mucho.



El tren no se para. Trote chispeante en ‘Sí’, pausa sublime para ‘La chispa adecuada’ en una cadencia de ola marina que deja suavemente al personal en la orilla, al borde de las lágrimas, felices. "¡Faltan tres!". Parece que Elena lleva chuleta, porque acierta la predicción. Bunbury calca el cierre de Lanuza (esta vez, la garganta luce nítida y el verbo, poderoso) con ‘Los habitantes’, ‘De todo el mundo’ y, como cierre coherencia, ‘…y al final’. Madre mía.

¿Es el mejor concierto que ha dado Bunbury en su terruño? Probablemente. Sí. Héroes fueron Héroes, son Héroes, serán Héroes, pero su vocalista se ha doctorado este septiembre de 2016 en Zaragozalogía, un añito antes de cumplir medio siglo de vida nauta: esta vez, más que nunca, ha mandado el corazón.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Crónica concierto Bunbury en Ferrol.



La gira “Mutaciones” de Enrique Bunbury hacía parada en la ciudad gallega de Ferrol, siendo el único concierto de la gira en Galicia a excepción de su participación en el festival Portamérica el pasado mes de julio. Con una magnífica entrada y con absoluta puntualidad, la intro con el tema de “Lawrence de Arabia” anunciaba la salida de Bunbury y su banda Los Santos Inocentes, que poco a poco fueron saliendo al escenario ante la ovación del público que estalló en aplausos y gritos cuando hizo aparición Enrique Bunbury, con elegante traje negro y parapetado tras sus gafas de sol.

A pesar de que presentaban su MTV Unplugged, “El libro de las mutaciones”, el show no tuvo nada de acústico ni de tranquilo, todo lo contrario, fue un show eléctrico y rockero, recordando por momentos su gran etapa al frente de los Héroes del Silencio. Y con un tema de su antiguo grupo, “Iberia Sumergida”, iniciaron el concierto coreado con entusiasmo por todo el público. Se veía a un Enrique natural y cómodo, disfrutando de la noche e interactuando con la gente desde el primer instante del concierto. Tras saludar y dar las buenas noches comentó que iban a hacer un repaso por sus 30 años de carrera, ‘un repertorio que esperemos sea de su agrado’ y arrancaron con “El club de los imposibles” y “Pon dos clavos a mis alas” tema ya antiguo pero publicado por primera vez en su nuevo trabajo. Continuó repasando su etapa de Héroes con “La sirena varada”, tema recibido con entusiasmo por los fans del añorado grupo. No se puede negar que Bunbury es una de las grandes rock star en mayúsculas del país, capaz de atraer todas las miradas con sus características poses y su actitud sobre las tablas.

Para el siguiente tema, “Porque las cosas cambian”, Enrique tomó su guitarra acústica, interpretando uno de los grandes temas del disco “Hellville Deluxe”, para a continuación firmar uno de los muchos momentazos de la noche con el tema “El camino del exceso”, que en su nueva versión no perdió ni un ápice de fuerza su épico estribillo ayudado por las miles de voces que coreaban el clásico tema. La hard rockera “Avalancha” se torna en esta ‘mutación’ en un tema de base jazz y alma soul, con una gran interpretación por parte de Bunbury que se encuentra en un gran estado de forma. El ritmo latino llegó de la mano de “Que tengas suertecita”, ‘que no te falte esa canción que repare tu corazón‘ cantaba Enrique y de ese tipo de canciones estuvo repleto el show de esta noche, canciones que te reparaban el corazón con la pasional interpretación de Bunbury.



Recordó el doble álbum grabado junto a Nacho Vegas, “El tiempo de las cerezas”, del que rescató el tema “Puta desagradecida”, para a continuación convertir la Plaza de España de Ferrol en una auténtica fiesta gracias a los ritmos mediterráneos de “El extranjero” con un gran Jorge “Reverendo” Rebenaque al acordeón. Y así llegamos al “Infinito”, otro tema clásico de Enrique, que abandona el tono más blues de los últimos tiempos para volver a ser la pseudo-ranchera de los inicios gracias al acordeón de Rebenaque.

No hay que pasar por alto la banda que acompaña a Bunbury, Los Santos Inocentes, una banda que ha ido superándose poco a poco haciendo olvidar al Huracán Ambulante con su buen hacer sobre el escenario. Las guitarras de Jordi Mena y Álvaro Suite, el teclado de Jorge Rebenaque, el bajo de Robert Castellanos, la percusión de Quino Béjar y, el motor de la banda como lo presentó Bunbury, Ramón Gacías a la batería, el único del grupo que lleva con Enrique desde sus inicios en solitario. Los Santos Inocentes son una banda de alma rockera y eso quedó demostrado en los temas de más intensidad como sucedió con “El hombre delgado que no flaqueará jamás”, con Enrique enfundado en cazadora de cuero negro, guitarra en mano y ofreciendo una potente y eléctrica versión del ya de por sí rockero tema que supuso el momento más duro de todo el concierto. Tras esta descarga continuó con “Despierta”, de su último disco en estudio “Palosanto”, pero el público ya estaba más que despierto y se entregaba en cuerpo y alma a su ídolo que no paraba de dar muestras de cariño a los espectadores. En este momento presentó una de los temas más antiguos de esta gira, el lejano “Mar adentro” del primer disco de Héroes del Silencio, con una interpretación muy cercana a la original. Y llegó el momento de la noche con el conocidísimo “Maldito duende” con Bunbury entregado a su gente, acercándose a las primeras filas para cantar el tema en contacto directo con sus fans dando lugar a un momento único.

Con “Lady blue” todo se fue con el huracán y se despidieron del público haciendo la primera pausa de la noche. Regresaron al cabo de unos minutos con “Más alto que nosotros solo el cielo” y la emocionante “El rescate”, para regresar de nuevo a la etapa Héroes con la emotiva “La chispa adecuada” con un genial Jordi Mena al lap steel, tras la cual abandonan de nuevo el escenario. Retornaron para satisfacer al hambriento público que no paraba de pedir el regreso del grupo y lo hicieron con “Los habitantes”, tema de gran carga emocional tanto en la música como en la letra, emoción que se elevó al cuadrado con la magistral “De todo el mundo” con Bunbury terminando la interpretación de rodillas en un gesto de rendición ante su público. Y en esa misma posición inició el vals “Y al final” despidiéndose Enrique del público y dejando sola a su banda para que reciba una merecidísima ovación, poniendo así punto y final a dos horas de un magnífico espectáculo lleno de intensidad, emoción y pasión a partes iguales.