viernes, 8 de diciembre de 2017

Enrique Bunbury llenará a Colombia de ‘Expectativas’ en 2018


El artista español Enrique Bunbury anunció a través de sus redes sociales las fechas de su tour a comienzos de 2018, en donde –para fortuna de sus fans– confirmó que visitará el país, específicamente las ciudades de Medellín y Bogotá.

Con esta gira, llamada EXTour, visitará también Buenos Aires, Ciudad de México y Guadalajara, tour con el que además está promocionando su más reciente disco Expectativas, lanzado en octubre de 2017 y del que resaltan las canciones ‘Cuna de Caín’, ‘Parecemos tontos’, y ‘La actitud correcta’.

Bogotá
Dónde: Palacio de los Deportes (Avenida 63 no. 42-00)
Cuándo: domingo 11 de febrero
Hora: 7:00 p.m.
Boletería: desde $159.000 hasta $199.000
Info.: tuboleta.com

Y él es Miguel Esquivel, el fan más fan de Héroes del Silencio y Enrique Bunbury.

Y él es Miguel Esquivel, el fan más fan de Héroes del Silencio y Enrique Bunbury.



En este video muestra su gran colección de artículos inéditos de Héroes del Silencio y Enrique Bunbury. Asimismo, narra desde cuando fue que empezó a seguir a la banda españóla. Te presentamos el siguiente video.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Bunbury pasará por Sevilla el 10 de Diciembre en el FIBES.


Enrique Bunbury comienza gira de presentación de su último trabajo, el decimóctavo en su carrera en solitario, “Expectativas”.El álbum, publicado el 20 de octubre, es una de los que más tiempo de preparación ha llevado. Dos adelantos, “La actitud correcta” y “Parecemos tontos” y un cortometraje fueron los aperitivos para este nuevos disco del zaragozano.

La gira comenzó en Santander el jueves pasado y continuará mañana en Barcelona, visitando también Madrid, Valencia, Zaragoza, Cuenca y la capital hispalense, en el FIBES el 10 de diciembre. A estas fechas se le añaden otras tantas en Latinoamérica.

“Expectativas” ha sido grabado en los estudios Sonic Ranch de Texas y mezclado en Westlake, California. La producción ha corrido a cargo del propio Bunbury que de nuevo ha confiado en su banda ya habitual, Los Santos Inocentes, con la colaboración de Santi Del Campo al saxo (por primera vez en sus grabaciones) y Erin Memento a los coros.

Expectativas se divide en dos partes: en la primera, compuesta por las seis primeras canciones, encontramos a un Bunbury que zarandea, que dispara a discreción contra la mediocridad, contra la idiotez, contra el cainismo y contra el crimen; en la segunda, con las cinco piezas restantes, el yo se erige protagonista y destila autoridad, personalidad, rebeldía y hasta ofrece consuelo. En Expectativas, Bunbury recrudece el “sonido Palosanto” y nos ofrece un bufé de sintetizadores, de guitarras distorsionadas y sutiles y de ritmos firmes y agresivos.

Bunbury: “El derecho a desconectarse es una utopía, estamos bien amarrados”.


Mostrarme imparcial con Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) implicaría un ejercicio de hipocresía de difícil digestión. Tanto intelectual como personalmente. Junto a Raúl del Pozo, desde un punto de vista profesional, nadie me ha ayudado tanto ni ha depositado tanta confianza en mí. No es que sea de bien nacidos ser agradecido, sino que despotricar contra alguien que ha marcado, y de un modo tan maravilloso, el rumbo de mi vida, sería cosa de necio, de traidor, de infame. Nos conocimos —estas fechas no se olvidan— el 19 de junio de 2014 en Barcelona. Al llegar al Sant Jordi Club, una de sus mánagers, Marisa Corral, me dijo: “Enrique suele venir poco adonde estamos nosotros. A ver si en algún momento de la gira lo pudieras saludar”. Tres minutos después, apareció el cantante. Reaccioné como una estatua de sal descerebrada. Nuestra primera conversación fue ridícula —por mi parte—:

–¿Y a qué te dedicas?
–Ehmmm, ehmmm… me acabo de licenciar.
–¿De licenciar? ¿En qué?

Por fortuna, a partir de ahí, todo fue viento en popa y, desde entonces, Bunbury ha tenido conmigo no pocos detalles que sólo puedo calificar como privilegios. El último de ellos consistió en ofrecerme la redacción del press-release de su nuevo disco: Expectativas (OCESA / Warner, 2017). Trabajo ambicioso, vibrante, implacable y hermoso, en sus once canciones, el compositor nos ubica en un ecosistema tan atroz como el que aparece en Un mundo feliz de Huxley, en 1984 de Orwell, o, desde un punto de vista musical, en el Diamond Dogs de Bowie, sólo que, en lugar de recurrir a la fabulación, el artista canta basándose en lo que ve, en lo que lee, en lo que vive.

P: Enrique, ¿vivimos en los últimos días de Pompeya?

R: No lo creo. Creo que este planeta y el ser humano tienen todavía posibilidades de entenderse. Ahora bien, no creo que el camino por el que andamos sea el correcto.

P: ¿Un optimista es un pesimista mal informado?

R: Con respecto a la actualidad política no estoy muy informado, la verdad. Me aburren las ruindades de nuestros gobernantes. Así, puedo ejercer de optimista, y pensar que en algún momento pueda soplar el viento a favor. Y que “no conseguirán engañarnos a todos”.

P: Si Palosanto es una panorámica poliédrica de un momento de cambio social, Expectativas, más o menos, ¿viene a decir que el escenario del día siguiente no se ha revelado como mejor?

R: Eso es un hecho, no es una apreciación. La realidad es que el sistema tiene la capacidad de fagocitar los pequeños actos revolucionarios para continuar más o menos con el mismo cuento. Da la impresión de que nuestros gobernantes cada vez son menos competentes o importa menos su capacidad.

P: Desde un punto de vista sonoro, Expectativas es su disco más abrumador.

R: No sé si alegrarme o preocuparme por esa apreciación. Sé que me quedó un disco oscuro. Y sé que es un disco que tiene mucha información musical. Arreglos muy interesantes, que no caen en lugares comunes ni habituales. Creo que también quedó un trabajo compacto y que se necesitan un par de escuchas para enamorarte de algunos pasajes. No es exactamente un disco de rock, porque no utilizamos algunos de los tics más habituales del género. Pero la banda suena como un cañón, y no hemos hecho concesión alguna.

P: Escuchando el disco, recordé un grafiti demoledor, creo que anarquista, que decía: “Sólo los peces muertos siguen la corriente”. ¿Está el mundo lleno de peces muertos?

R: Digamos que hay mucho pez dormitando. Y que muchos siguen la corriente es un hecho. La mayor parte de los temas conflictivos en los que parece que hay que posicionarse entre A y B, me da la impresión de que precisamente, posicionarse en uno de los extremos no es más que seguir la corriente que algunos dictan, frotándose las manos.

P: Decía el poeta que las de España “son tierras para el águila, un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín”. Usted canta: “Cuna de Caín y guerra civil / entre hermanos, de la mano / nos hacemos daño / siempre que nos encontramos”. ¿Es España la patria de la envidia?

R: No es “Cuna de Caín” una canción que hable de España, sino de una relación entre dos personas que deben poner tierra de por medio para no acabar el uno con el otro. España tiene muchas caras y características. Decir que es el país de la envidia es una generalización que no creo sea del todo justa. Hay envidia, como también hay generosidad.


P: “Pudiendo escoger entre dos o tres / preferimos al más subnormal”. ¿Por qué?

R: Eso sí que es un misterio. Que algunos de nuestros gobernantes, en España, en México o en EEUU, me da igual, hayan llegado aupados por parte de nuestras respectivas poblaciones es, como poco, increíble. Supongo que hay muchas justificaciones en cada caso. Muchas las hemos leído en miles de artículos sesudos haciéndose esta misma pregunta. Y, aun así, seguimos preguntándonos cómo pasó.

P: “Escucha a todo el mundo / repetir la misma opinión / leída en la prensa”. ¿Estamos cada vez más cerca de la dictadura del pensamiento único?

R: Es una amenaza con la que debemos tener cuidado. La realidad apunta a que los comentarios a pie de página, los trolls y linchadores profesionales de redes sociales, pueden convencernos de vivir en la autocensura, e incluso que lleguemos a imitar sus comportamientos y nos convirtamos nosotros mismos en la policía de lo correcto frente a nuestro vecino.

P: ¿Está en peligro el derecho a desconectarse?

R: El derecho a desconectarse es una utopía. Estamos bien amarrados. Y es difícil la desconexión total, sin convertirte en un indigente o un cavernícola. Pero sí que podemos tomar algunas decisiones que nos alejen de algunas leyes de los hombres. Y mantener nuestras mentes menos contaminadas. No es fácil y admiro a aquellos que son capaces de dar algunos pasos importantes.

P: ¿Se ha sentido alguna vez al filo de un cuchillo?

R: La canción (“Al Filo de un Cuchillo”) habla precisamente de sentirte de esa manera a la hora de enfrentarte al lienzo en blanco. Del placer que supone cuando sabes que estás dando con algo importante, pero que puede volverse en tu contra. Cuando no estás tomando el camino fácil, ni estás haciendo lo que se espera de ti.

P: Qué hermosa es “La constante”. Es el amor verdadero un buen salvavidas, ¿verdad?

R: En mi opinión uno de los pocos refugios que nos queda. Junto al arte y la meditación.

P: Si me permite, le voy a hacer un cuestionario literario que en Zenda estamos haciendo a los entrevistados que no son escritores, editores y demás gente no relacionada, directamente, con el mundo literario. ¿Recuerda cuál es el primer libro que leyó?

R: No recuerdo, pero imagino que sería uno de Julio Verne o de Emilio Salgari o de Stevenson. Me gustaban los libros en los que los viajes y las aventuras se entrelazaban. Quizás de ahí surgió mi naturaleza nómada.

P: ¿Qué tipo de literatura prefiere?

R: He tenido etapas diferentes en distintos momentos de mi vida. Este último año, principalmente leí poesía, ensayo y biografías.

P: A comienzos de año, me contó que estaba leyendo mucho “ensayo sesudo”.

R: Alguna cosa tocha y aburrida he leído. Aunque me intento saltar lo que no me interesa. Me he metido a tope en la obra de Lynch, en la Meditación Trascendental y en la pintura americana contemporánea, de la Segunda Guerra Mundial hasta el minimalismo.

P: Dígame tres libros que considere imprescindibles.

R: Todos los libros son imprescindibles, hasta el más superficial, si encuentra su destinatario. De los que fueron imprescindibles para mí: La prueba del laberinto de Mircea Eliade, Siddharta de Hermann Hesse y El túnel de Sábato, por ejemplo y así de memoria.

P: ¿Alguna obra que le haya quitado el sueño?

R: Aunque me gusta el cine de terror, nunca leí novela de terror que me pudiera asustar. La que me ha quitado el sueño, fue más bien por no poder abandonarla hasta acabarla. Así recuerdo leer a Scott Fitzgerald, a Bukowski, a Hemingway o a Paul Auster.

P: ¿Algún autor u obra que no soporte?

R: No tengo ese tipo de problema. Las que no me gustaron, no las acabé de leer. Hay mucho libro editado como para perder el tiempo leyendo algo que no va contigo.

P: ¿Algún personaje literario del que se haya enamorado?

R: Tengo una extraña fascinación por el personaje de Jane Eyre, la novela de Brontë. Es un personaje individualista, apasionado y hoy la consideraríamos directamente feminista. Sufridora, pero fuerte y capaz de sobreponerse a todo.

P: ¿Alguno al que haya querido asesinar?

R: Harpagón, de El Avaro de Molière. Me pone extremadamente nervioso. Es el hombre más mezquino y egoísta que antepone todo lo material al resto de sus sentimientos.

P: ¿Qué está leyendo ahora?

R: Estoy con Meetings with remarkable men, de Gurdjieff.

P: ¿Hasta qué punto es importante el cuidado de la letra a la hora de hacer una canción?

R: Una canción es armonía, melodía, ritmo y letra. Y en mi opinión hay que cuidarlo todo. Hay quien consigue hacer un texto fantástico y descuida el resto. Lo valoro e incluso lo puedo admirar, pero lo mejor es encontrar un equilibrio entre las cuatro. No vale con solo un buen texto. Yo escucho a Little Richard y me parece que tiene más valor que algunos cantautores aburridos que descuidan el contexto.

P: ¿Qué opinó cuando a Dylan le dieron el Nobel de Literatura?

R: Que se lo merece, obviamente. Pero que se lo tenían que haber dado antes a Cohen, que para mí es el mejor escritor de letras de canciones de todos los tiempos. Y su poesía publicada me parece maravillosa, cosa que la de Dylan no me lo parece tanto.

P: Desde la última vez que le entrevisté, hemos perdido, entre otros, a dos ídolos que compartimos: David Bowie y Leonard Cohen. ¿Qué le debe usted a cada uno?

R: Posiblemente, mis dos influencias más claras y duraderas. Para mí son la medida de todas las cosas. Musicalmente uno y líricamente el otro.

P: ¿Qué nos queda de los restos del naufragio?

R: A día de hoy soy otra persona diferente a la que escribió esa canción y debería escribir otra lista de pequeñas alegrías por las que merece la pena levantarse de la cama. Entre esas alegrías estarían, obviamente, además de mi mujer y mi hija, algunos escritores de canciones, algunos poetas, muchos pintores y algunos cineastas. Y esas actividades que en realidad son una tontería pero que te dan la vida.

P: Finalmente, ¿cree que llegará el día en que conseguirán engañarnos a todos, o siempre habrá algún resquicio de resistencia?

R: Supongo que un resquicio de resistencia es insignificante para provocar un cambio real. Pero creo que no está de más seguir revisando nuestro credo. Pensar que vivimos en el mejor de los sistemas posibles es tirar la toalla demasiado pronto.

P: No sabe cuánto pesa, en el mejor de los sentidos, la palabra “gracias” cuando la utilizo con usted.

R: Ay, Jesús. El agradecido soy yo. Te mando un abrazo fuerte. Cuídate.

Feb 2018. El artista Enrique Bunbury estará presentándose en Buenos Aires!



Enrique Bunbury toca en el Luna Park. El 15 de febrero del 2018 tendrá lugar el show en el que presentará ‘Expectativas’ su último trabajo. Las entradas para Enrique Bunbury en el Luna Park.

Enrique Bunbury en el Luna Park, está confirmado, y 15 de febrero del 2018, presentando ‘Expectativas? Los ingresos para personas con dificultad motriz son por av. Madero 470, Bouchard 499, Bouchard 465 y Bouchard 411. El estadio cuenta con rampas, sillas de rueda y una plataforma elevadora de silla de ruedas.

Enrique Bunbury

Jueves 15 de Febrero de 2018 a las 21.00 hs

Estadio Luna Park, Bouchard 465. Buenos Aires

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Bunbury en Madrid. Gira #ExTour17_18


Dos años después de la publicación de su MTV Unplugged, Enrique Bunbury prosigue con su carrera musical con Expectativas, el noveno disco en solitario del cantante zaragozano, en donde baja al barro político y social de la actualidad española.

Tras cuatro años sin nuevas canciones, MTV Unplugged (2015) es un revisionismo de su discografía en formato acústico, el maño presenta 11 temas junto a su banda de los últimos años, Los Santos Inocentes, en el que ofrece un coctel sonoro radical y mutante.

Enrique Bunbury, con tres décadas dedicadas a la música, formando parte de bandas como Apocalipsis, Rebel Waltz, Proceso Entrópico, Zumo de vidirio y Héroes del Silencio, donde logró alcanzar su zénit, prosigue su incesante evolución, reinventando su música, buscando inspiración en la música electrónica, la música árabe, el cabaret y rancheras, entre muchos otros, pero sin salir del rock.

El concierto de Bunbury en Madrid será en el WiZink Center el viernes 8 de diciembre de 2017 a las 21:00 h. Entradas desde 58,90 €.

Bunbury, la actitud correcta. Crónica Barcelona -Razzmatazz-.



A veces parece que las estrellas del rock a escala hispana tengan que pedir perdón por serlo, pero ese nunca ha sido el caso de Enrique Bunbury, que desde el principio se ha mirado en el espejo de los iconos anglosajones sin ponerse mayores límites por el hecho de haber nacido en Zaragoza. Cultivando palmo a palmo su propia mística, su relato, y saliendo a escena, este martes, en la primera de sus dos noches en Razzmatazz, con gafas oscuras y traje blanco de caballero del sur.


Vino Bunbury a presentar ‘Expectativas’, un disco enojado y denso, en el que aplica capas de esmaltes inhabituales a elaboradas texturas rockeras y a sentidas canciones interioristas. El carácter de la obra quedó un poco diluido: aportó seis de las 24 canciones. Pero hay que decir, repertorio al margen, que ‘Expectativas’ se hizo notar a través de un perfil sonoro expandido a otras canciones, con ciertas pistas electrónicas y, sobre todo, el saxo de Santi del Campo (¿recuerdan a Los Especialistas?), siguiendo de cerca las líneas melódicas vocales con un punto de excitante desvarío.

Glam-rock y política

‘La ceremonia de la confusión’, corpulenta y con el saxo dándole una capa 'art-rock', abrió la noche acompañada de ‘La actitud correcta’, asentada en un aparatoso ritmo glam muy Gary Glitter, donde parece dirigirse al joven artista diseñado para triunfar pero al que le falta “ese no sé qué”. Y ‘Cuna de Caín’, una de esas canciones grandiosas de Bunbury, de estribillo ardiente, en torno a la historia de “una guerra civil entre hermanos”. Luego, los mensajes más políticos en la álgida balada ‘Parecemos tontos’ y en el anuncio apocalíptico de ‘En bandeja de plata’.


Estrenos sustanciosos que convivieron con renovadas aproximaciones a piezas, sobre todo, de su período moderno, como ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’, con solo del guitarrista Jordi Mena (Sau, Jarabe de Palo), y la escalada melodramática dibujada por ‘De todo el mundo’. Cuatro rescates de Héroes del Silencio con texturas renovadas: ‘Tesoro’, las primerizas ‘Héroe de leyenda’ y ‘Mar adentro’, y un ‘Maldito duende’ en el que Bunbury revivió épicas pasadas: mirada clavada en el suelo, piernas separadas, gesto de ‘rock star’.


En el bis, la reserva de ‘hits’: ‘El extranjero’, ‘Sí’ (de Adrià Puntí), ‘Lady Blue’… Y, rebajando los ánimos, una canción discreta pero resaltable del nuevo disco, ‘La constante’, con la que Bunbury se confiesa “consciente y libremente” salvado por el amor, indicando al mundo cuál es, después de la ira y la acusación, la “actitud correcta”.

Bunbury, tiempos de furia.


Un Bunbury se diría que en pie de guerra, tanto por su grueso sonido rockero como por sus textos enojados, cobra forma en ‘Expectativas’, el disco que presenta este martes y miércoles en Razzmatazz (21.00 horas), segunda plaza de una gira internacional, ‘ExTour 17-18’, que arrancó el sábado en Santander. Obra densa y acusatoria, que en su primera mitad “lanza una reflexión y una mirada social” y en la segunda “busca una serie de refugios y cobijos donde guarecerse de la confusión”, concretados en “el amor, el arte y la desconexión”.

Bunbury dice atender a sus impulsos artísticos “sin complejos ni concesiones”, lo cual incluye mensajes políticos de alto voltaje. “Pudiendo escoger entre dos o tres / preferimos al más subnormal”, canta, con toda la incorrección formal, en una de las canciones, ‘En bandeja de plata’. “¿Le parece fuerte? Lo que es verdaderamente fuerte es la escasa participación que tenemos los ciudadanos en la llamada democracia”, argumenta. “Elegir cada cuatro años entre tres, cuatro o cinco candidatos, a los que no aceptaría en ninguna de mis fiestas, me parece una opción raquítica. Y definir a nuestros gobernantes, ya sea Trump, Peña Nieto o Rajoy, como individuos ‘por debajo de lo normal’ me parece ser muy generoso, visto los resultados”.

“Ruindades y fechorías”

La entrevista con este diario se desarrolla, como todas, vía mail: se intuye cierta desconfianza ante las transcripciones periodísticas. “Creo que las respuestas quedan mejor plasmadas y, además, no digo lo primero que se me ocurre”, alega. De este modo no se podrá atribuir a un calentón que confiese, por ejemplo, sentirse “muy poco interesado por las ruindades y fechorías de nuestros gobernantes”. Sí, Bunbury dice no seguir la actualidad política, pero aun así cree que “algunas canciones pueden leerse en clave social desde la perspectiva de distintos países”, señala en referencia a las respuestas que ha recibido tanto desde España como de México, Argentina o Estados Unidos.

Abundan en ‘Expectativas’ mensajes no ya críticos sino desoladores. ¿Apelar al apocalipsis no puede ser un recurso artísticamente efectista? “Supongo que se refiere a la frase de la ‘suave brisa nuclear que nos dejará en los huesos’. Pero ‘En bandeja de plata’ está gustando bastante, así que entiendo que el texto ha conectado con el público”, razona. En compensación de piezas como esta o ‘Parecemos tontos’ hay, en la segunda mitad, mensajes más alentadores. “La certeza de la intuición en ‘Supongo’, el amor con mayúsculas, como valor seguro, en ‘La constante’, la desconexión de las leyes de los hombres en ‘Bartleby’, el arte y el proceso creativo en ‘Al filo de un cuchillo…’”, enumera. Pero reconoce que el conjunto de ‘Expectativas’ es “oscuro y desesperanzado”.



Rock con capas

A juego con esa narrativa, un sonido invasivo y con muchas capas: guitarras procesadas, electrónica, ‘grooves’ corpulentos, un piano con acentos clásicos, un saxo dramático que entra y sale, todo ello dando grosor a canciones que combinan un pulso primitivo con escaladas emocionales. Bunbury se acoge a una idea de rock con intención “contemporánea, sin los tics habituales del género”, y confirma su alejamiento de los géneros latinos que transitó en otros tiempos. “Uno no sabe qué le deparará el futuro, pero no suelo repetir lo que hice en el pasado”.

Hace 30 años que salió el primer disco, un epé, de Héroes del Silencio, Enrique Bunbury ya es todo un superviviente de la industria musical y en una de las canciones, ‘La actitud correcta’, parece bromear con el lenguaje de la promoción: “Tu nuevo disco será la hostia / Más guitarra y más sintetizador, / seguro que me suena la misma canción”, dice la letra. ¿Se siente alejado de la ansiedad por el ‘hit parade’? “Bueno, los que llevamos mucho tiempo haciendo discos hemos visto de todo!”, exclama.

Pero añade: “Creo mucho en el talento de mis compañeros de profesión”. Desde su lugar de residencia, Los Ángeles, “una ciudad extremadamente estimulante”, se deleita dirigiendo su radar a las propuestas sonoras del mundo latino y destaca los “grandes discos” que, a su juicio, han lanzado recientemente artistas como el estadounidense de raíces ecuatorianas Helado Negro, el grupo mexicano De Osos, los argentinos Juana Molina, Él Mató a un Policía Motorizado y Los Espíritus, y los españoles Viva Suecia, Rufus T. Firefly, Neuman, Nudozurdo, Raúl Rodríguez y Guadalupe Plata. Ahí queda.

martes, 5 de diciembre de 2017

Bunbury inicia su gira “Expectativas”.


Era de noche y el juego de las metamorfosis al que tiene acostumbrado el artista bien podía llevar a confusión.

Cuando apareció en escena con su traje blanco, de chaleco y pantalones de campana se produjo un extraño espejismo: ¿Será Travolta? No. Era Enrique Bunbury.

Esta vez, con un guiño psicodélico a los setenta para comenzar un show en el que demostró su contundente y magistral eclecticismo encima del escenario.

Y con este concierto realizado en Santander, el artista marca el inicio de su gira ‘Expectativas’, nombre de su nuevo material.

Diversas partes

Esta gira la llevará este invierno a Bunbury desde Santander a diversos lugares de España y América.

Tocaba presentar nuevo álbum: este “Expectativas”, volcado en sonidos más electrónicos que acústicos.

El artista ha dejado atrás los aires latinos por ecos de escuelas más apegadas a Londres y Berlín, trufadas con letras directas, que apelan a diatribas calientes.

Enfundado en su disfraz de Tony Manero, Bunbury comenzó con “La ceremonia de la confusión”. Fue el primero de los siete temas del nuevo disco, eje de la primera parte, sobre la que fueron cayendo “La actitud correcta”, “Cuna de Caín”, “En bandeja de plata” o la brillante “Parecemos tontos”, que se fueron alternando con algunos anteriores, como “Los inmortales”. Bunbury ha cuajado un trabajo coherente pero discordante con todo lo que le precede.

Pocos músicos aúnan una compilación tan enciclopédica de estilos para conformar una sola personalidad. En medio de su creativa y bendita madurez, ha dejado joyas como “Hellville de Luxe” o “Las consecuencias”.

Sorprendió

Ha cuajado un trabajo coherente pero discordante con todo lo que le precede. Se vio encima del escenario enfundado con un look que llamaba mucho la atención.

La sorprendente historia de Mónica Carreras, fan de Enrique Bunbury.



Mónica "Bendecida" Carreras tenía un santuario dedicado a Héroes del Silencio en su casa, compuesto por discos, entradas, fanzines, colgantes, etc.. hasta que un incendio lo arrasó por completo. Lo que vino a continuación te sorprenderá.

Bunbury lanzó nuevo EP y vídeo, ‘Cuna de Caín’.



De lo que no cabe ninguna duda es de que Bunbury ha vuelto para hacer música, para cantar y contar temas que no dejarán indiferente a absolutamente a nadie.

Cuando se cumple poco más de un mes del lanzamiento de su noveno disco -se produjo el 20 de octubre-, el cantante Enrique Bunbury lanzó nuevo EP y el vídeo de Cuna de Caín. El artista multi instrumentalista confirma de esta manera el éxito conseguido con Expectativas, (OCESA / Warner, 2017) número 1 en España en su primera semana a la venta. Un disco a través del cual, como declaró el propio artista, quería transmitir que el sistema tiene la capacidad de fagocitar los pequeños actos revolucionarios para continuar más o menos con el mismo cuento.

El primer single de presentación del disco correspondió a Actitud correcta, un tema con un claro trasfondo político, usando metafóricamente las palabras con precisión para poner de manifiesto que se venden nuevos tiempos, nuevas actitudes, cuando en realidad se siguen usando idénticas estrategias de las que hacían uso los partidos clásicos. En la canción Al filo de un cuchillo, el aragonés aborda el tema de arriesgar en todo momento, de sorprender, de salir de la zona de confort, de hacer lo contrario a aquello que la gente espera de ti. En La constante, hace uso de su temática como salvavidas, como pura reivindicación del amor verdadero.



Bunbury califica su trabajo como un disco que quizás le quedó un poco oscuro, -en gran medida por la clara influencia musical que siempre tuvo en el artista David Bowie, su fallecimiento y sus dos últimos discos The Next day y Blackstar-. Se atisban también pinceladas de esa corriente musical de rock y música electrónica, de ese Krautrock que regresa con fuerza. Este trabajo posiblemente no se puede definir como de puro rock, pero se desmarca de ese sonido de raíz latina que tuvieron sus últimos trabajos. Expectativas posee una valiosa y amplia información musical, que se puede comprobar al analizar el cómputo general creativo del mismo. Además, también se luce en la canción de autor, con un sonido quizás más lineal pero cuidando mucho el mensaje.

El compromiso sociopolítico, la necesidad de volver a cantar, a gritar que no confía para nada en la política, en aquello de que lo viejo era malo y lo nuevo es bueno, cuando en realidad son muy pocas cosas las que han cambiado para los que en realidad sufren de la incompetencia de los que representan a los votantes. Especialmente destacable en este sentido es el tema La Ceremonia de la Confusión, un tema muy orweliano. En la canción Bandeja de Plata se toca la temática de la desilusión, de las oportunidades perdidas que quizás no lo eran tanto o en su caso no se pudieron o quisieron aprovechar de la manera correcta. Mientras que en Parecemos tontos, remata con una clara reflexión sobre cómo los vendedores de humo acaban siempre haciendo creer a los demás sus falacias para crear una fractura social y una compleja dicotomía entre los malos y los buenos. En Lugares comunes, Frases hechas aborda su preocupación de la generalización de un pensamiento único, fundamentalmente inducido a través de la manipulación de la prensa y el hecho de repetir lo que se escucha y lee en los medios de comunicación. El disco se completa con canciones de evidentes influencias literarias del artista, en concreto en Bartleby (Mis dominios), el cantante hace suya la historia del escribiente de Herman Melville y su rebelión tranquila. Mi Libertad, como ya preludia en el título, hace uso de un saxo roto que suena blues para cantar a la libertad y homenajear a la música.

El compromiso social y político de Bunbury en Expectativas es claro, pero como siempre persigue esa búsqueda del equilibrio en su creación artística y musical, intentando mantener nivel en la armonía, melodía, ritmo y la letra, aquello que considera imprescindible para ofrecer un trabajo completo y de calidad. Se cumplen veinte años después de su debut como solista, atrás quedó su etapa en Héroes de silencio, pero Bunbury sigue ahí arriba, demostrando lo gran artista, gran músico y cantante que es.

Mientras prepara su inminente regreso a los escenarios -para diciembre- y su gira EX Tour por América en 2018, sigue haciendo vibrar y pensar a su gente. Precisamente, con este tema de Cuna de Caín, lanza el siguiente mensaje: “El exilio es mejor que nuestra prisión de mediocridad”. Destaca por su pluralidad instrumental, y aunque Bunbury ha declarado que el tema no tiene trasfondo político, es complicado no trasladarse a esa segunda interpretación, muy especialmente en los conflictivos tiempos que se han vivido entre la sociedad catalana y la española. De hecho, la canción trata sobre la relación entre dos personas que tienen que poner tierra de por medio para no matarse entre ellos. Encontrando en el exilio la única posible salida para uno de ellos… Por tanto, que cada cual elija la interpretación que crea más acertada o conveniente, de lo que no cabe ninguna duda es de que Bunbury ha vuelto para hacer música, para cantar y contar temas que no dejarán indiferente a absolutamente a nadie.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Ese no sé qué de Bunbury.


Una luna limpia y turgente iluminaba este sábado la piel metálica del Palacio de Deportes. Aún así, se quedó corta; el brillo, esa noche, estaba en las entrañas de ‘La Ballena’.

La palabra expectativas, escrita con bombillas blancas, coronaba el escenario como bienvenida. Diez minutos sobre la hora prevista, los Santos Inocentes aparecieron en el escenario. A continuación, llegó él. Enrique Bunbury, alejado de las llamas y los sombreros de antaño, con un tres piezas blanco y un caballeroso saludo a los casi tres mil asistentes.

Sin dilación, entraron los primeros acordes metálicos de ‘La Ceremonia de la confusión’, con ese saxo que está destinado a dar nueva vida a cada composición del zaragozano. Un acierto llegado en el momento preciso al que ha sabido sacar partido. El balazo de ‘La actitud correcta’ siguió la estela antes de ‘Cuna de Caín’, con su aire de encantamiento de serpientes. El público ya estaba hechizado en el cierre de este primer combo salido de ‘Expectativas’, que a pesar de llevar apenas dos meses de recorrido, ya ha calado entre los fieles. No es un disco de letras fáciles; tiene mucho que contar en sus versos un Bunbury ya maduro que no esquiva los charcos; los elige.



A partir de ahí, el aragonés errante saltó por todo su repertorio, sin pudor ni precaución por épocas pasadas. Y a cada tema, una sorpresa; tras una breve colección de notas iniciales, el público reconocía lo que estaba sonando, igual, pero distinto. Su «vano correr tras lo imposible», de ‘El Anzuelo’, se ha suavizado; ya no raspa en la garganta y ha girado hacia aires más tropicales con un final de sorprendente percusión. ‘Mar adentro’, que cumple ya unos generosos 30 años, ha sido tamizada para sonar actual. Había, entre el público, quien recordaba la presentación de aquel disco en directo, ‘El mar no cesa’, a finales de los 80, en Torrelavega, con Héroes del Silencio y Loquillo. Quizá Bunbury y el Loco sean dos ejemplos claros de ese saber estar, pontificando sobre rock and roll a base de experiencia.

Había también quien, conocedor del asunto, afirmaba que nada ha sonado tan bien en el Palacio como la sucesión de temas que llenaron esas dos horas. El zaragozano ya sabía dónde jugaba; aquí presentó hace seis años ‘Licenciado Cantinas’ y durante dos días, ha domado el interior del espacio para que resultase tal y como debía hacerlo: como un cañonazo sonoro sin un punteo fuera de lugar. Huelga mencionar el espectáculo de luces que vestía cada canción, en otra demostración de que nada queda al azar cuando este capitán maneja el barco en el que están enroladas más de 60 personas entre técnicos y equipo.

El cantante maño recordó su «deuda» con Santander. Este concierto llegaba con un año y medio de retraso respecto a la fecha original, cuando una faringitis le obligó a suspender su paso por el Santander Music. Comenzar en esta plaza cantábrica el periplo de ‘Expectativas’ es para él, dijo «un honor». Y de forma constante repitió el nombre de la ciudad, sin contrato publicitario de por medio. Este Enrique sí tuvo presente dónde estaba ahorrando sonrojos más mainstream.



El presunto final se cerró con ‘Maldito duende’, porque nunca hace daño un clásico que atraviesa la columna como un escalofrío. Pero aquello no había terminado. La banda volvió a una escena reconvertida en cantina. Enrique, esta vez sí, con sombrero y pañuelo rojo al cuello. Donde había teclado, acordeón y donde había guitarra, banjo. Así sonaron ‘El extranjero’, ‘Infinito’, ‘Que tengas suertecita’, una jazzística ‘Sí’ y la explosiva ‘Lady Blue’, quizá uno de los poco temas que se ha mantenido como siempre. Entre reiterativos agradecimientos y unos nervios que, si estaban, no se hicieron notar, Bunbury cerró el set con ‘La constante’.

Dominador absoluto del espacio en el que se mueve, Bunbury mantiene la gestualidad que le caracteriza. Un brazo extendido que se abre hacia nuevos horizontes, siempre curioso. Una mano que señala a lo alto, donde queda el límite de la experimentación. Y esos dejes de cabaretero fronterizo que tiñen su show de la profesionalidad confusa en un panorama empobrecido en lo que a espectáculo se refiere, donde el concepto se ha perdido en pos de la uniformidad. No son los comedidos, los grises, los anodinos, quienes dejan huella en la historia del arte. Son aquellos que marcan una impronta propia. Quienes tienen ese «no sé qué» sobre el que ironiza el cantante en ‘La actitud correcta’. Y él lo tiene. Lo usa. Porque sabe y porque puede. Vaya que sí.

Que tenga suertecita, señor Bunbury.


El crack Enrique Bunbury inició en la capital cántabra la gira mundial de su disco ‘Expectativas’. Hecho todo un pálido dandy y colocándose como el foco central de un gran escenario luminosamente astral, cantó 24 canciones, cuatro de ellas de Héroes Del Silencio. El sábado noche el ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury arrancó en el Pabellón de Deportes de Santander, en La Ballena de La Pozona, la gira mundial de su último disco, el notable ‘Expectativas’ (Warner, 17). Ha bautizado a semejante periplo global ‘Ex - Tour 17-18’, y este mes de diciembre pasará por seis ciudades españolas para dar ocho conciertos (repite en Barcelona y Valencia, no pasa por Euskadi; se supone que volverá a España en verano). Bunbury moverá todo el tinglado con al menos tres grandes trailers y un autobús que vimos aparcados en el exterior, y en Santander ofreció un espectáculo por todo lo alto: apretando en un repertorio de ritmos clásicos pero de envoltura moderna, encendiendo unas luces estupendas y siderales que encantaron a los fotógrafos, liderando a su banda Los Santos Inocentes (un octeto con Santi del Campo como nuevo fichaje al saxofón –ex Los Especialistas zaragozanos-, a las teclas el ex Troglogita Rebenaque, a las guitarras Álvaro Suite y Jordi Mena, con batería y percusión extra…), exhibiéndose él a las poses ataviado con un glamuroso terno blanco…



Más de 2.000 personas se juntaron en el pabellón deportivo cántabro, todas superfans y entregadas que coreaban ‘Enriqueee, Enriqueeee’, le chillaban desde «te quiero» hasta «viva la Virgen del Pilar», e incluso le imitaban igual que fanáticos de Raphael (una chica cantó entero un tema estirándose enloquecida, luego un tipo agarró un micrófono imaginario y entonó otra letra completa…). Y sí, Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy (Zaragoza, 50 años) ejerció de foco de todas las miradas durante un show de 24 temas (4 de Héroes) en 124 minutos con dos bises. Bunbury, un crack nato, un showman natural, apoyándose en dos teleprompters por donde corrían las letras, se gustaba poniendo poses en el centro del tablado señalando al horizonte o sacudiéndose por una descarga eléctrica, se codeaba con sus músicos (sí, conforman un grupo, como por ejemplo también Sergio Dalma con sus músicos), paseaba de lado a lado del escenario asomándose al borde para mirar de cerca a sus fans, y llegó a bajar a pie de pista para incorporarse a la valla de seguridad y cantar mientras se tumbaba como un domador de fieras sobre las manos inquietantes e indómitas de los privilegiados que estaban cerca («le hemos visto hasta las amígdalas», contaba al final el fotero Azpiazu).

No habló mucho el elegante ídolo maño, que nos trató de usted, como es su costumbre: presentó en un par de ocasiones a sus músicos, informó que estrenaban el disco ‘Expectativas’, luego afirmó que empezaban en Santander la gira mundial en desagravio porque debió suspender un concierto en verano de 2016 por motivos de salud (faringitis y tos irritativa), y después se refirió quejoso a que en las entrevistas siempre le piden la opinión sobre temas que no le importan «ni un pimiento» (sic). Así ofició el zaragozano, dominador pero no charlatán, aunque agradeciera a menudo y sincero desde las ovaciones al final de las canciones hasta los coros espontáneos en mitad de bastantes.

Bunbury, un crack, ya lo hemos dicho, un dandy de blanco y con el rostro muy pálido, logró sonar muy bien en formato octeto en ese pabellón santanderino tan difícil para la acústica (estábamos delante, quizá detrás se percibieran rebotes). Abrió la velada con varias piezas del disco ‘Expectativas’, sonando tribal a lo PJ Harvey (‘La ceremonia de la confusión’), batiendo los tambores glam (‘La actitud correcta’; «Dios, qué bueno», manifestó una dama al acabarla) y dramatizando (‘Cuna de Caín’), antes del primer fogonazo coreado, ajeno a la novedad: ‘Los inmortales’… «están bajo tierra» («grande, Enrique, grande», chillaron unos tíos).



La masa bimilenaria estaba atrapada, abducida por el sonido, la pose y el alarde luminotécnico, pero aún quedaban por llegar las mayores emociones, los momentos más lentos con el gentío coreando las letras. Eso pasó en la nueva ‘Parecemos tontos’ con la guitarra soul compungida y los coros pegajosos uuuh-uhh («muchas gracias», reconoció Bunbury encantado de la respuesta espontánea), en la épica grandiosa de ‘Porque las cosas cambian’ (con su aparato Phil Spector y un mensaje que podría versionar Loquillo), en la comunión absoluta con la parroquia coreando implorante con los brazos alzados en ‘El rescate’ (aquí hubo explosiones de luz a los gestos de Bunbury), en la conexión total con el blues astral muy blade runner ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’ (con los miembros de la banda actuando como protagonistas), o en el rock con gancho melódico de ‘Hay muy poca gente’, con la gente cantando a pleno pulmón (era el tema undécimo y en él se quitó la chaqueta marfileña y se quedó en chaleco, mostrando los brazos muy tatuados y fornidos, como de gimnasio).

Este pasaje, entre las canciones 6 y 11, fue inconmensurable, transportador, y solo lo trabó la interposición de la primera versión de los Héroes del Silencio: ‘Tesoro’, un rock azteca sincopado con aires de Morphine. La 12ª fue otra pieza de su anterior grupo, la sórdida ‘Héroe de leyenda’ («la primera canción que escribí y se publicó en vinilo»). Y para el ecuador de la cita ya estaban mostradas las cartas, nos sabíamos la fórmula del show, nos sentíamos encarrilados por el disfrute y proseguían los hitos como ‘Despierta’ con su rollo blues blade runner post Nick Cave, el rock-soul a medio gas ‘Más alto que nosotros sólo el cielo’, la heroica ‘Mar adentro’, la nueva comunión con el respetable ansioso en el discurso tecno-soul ‘De todo el mundo’ (la del vagabundo), y el cierre con el heroico ‘Maldito duende’, que fue cuando se atrevió a cantar arrojándose valiente a los brazos de las primeras filas.

Los bises fueron largos y variados. Costó un poco que reaparecieran los músicos y oímos a una mujer decir: «soy feliz», y a un puñado de espectadores seguramente vascos solicitar el bis coreando «jo ta ke». Y por fin la fiesta continuó con una zíngara ‘El extranjero’ (con banjo, acordeón y petición de derribar fronteras y la frase «los nacionalismos qué miedo me dan»), el ondulante y reverberante, entre el cabaré y lo latino, ‘Infinito’ (primera cima del bis), la cumbia ácida ‘Que tengas suertecita’ (y que usted también la tenga en esta gira, señor Bunbury; ¡y que nos lo volvamos a cruzar!) y la juerga de ‘Sí’ (dímelo, dímelo, dímelo), más la odisea espacial tan a lo David Bowie ‘Lady Blue’ (el segundo hito del primer bis, con coros intergeneracionales y cientos de manos en alto que se pusieron a dibujar círculos en el aire al hablar del huracán).

‘Lady Blue’ cerró el falso el concierto. «Por favor, no se olviden de nosotros, hasta siempre», espetó Bunbury y saludó a la parroquia cántabra abrazado a sus músicos. Pero dijo de repente: «una más y no jodemos más», y cayó el inesperado segundo bis con una tranquila ‘La constante’, también del disco ‘Expectativas’, una tranquila, una descompresión que hizo protestar a una mature mientras abandonaba La Ballena: «Mira que acabar con esta…». Fue la única queja, y no fue para tanto.

¿Será aquel Travolta? ¡No, es Bunbury!


Era sábado noche y el juego de las metamorfosis al que nos tiene acostumbrados el artista bien podía llevar a confusión. Cuando apareció en escena con su traje blanco, de chaleco y pantalones de campana se produjo un extraño espejismo: ¿Será Travolta? No. Era Enrique Bunbury. Esta vez, con un guiño psicodélico a los setenta para comenzar un show en el que demostró su contundente y magistral eclecticismo encima del escenario.

Y eso que costó caldear el ambiente. A los responsables del Palacio de Deportes santanderino se les había pasado enchufar la calefacción. Debieron de pensar las autoridades locales: ¿rockeros? Que se calienten ellos… La ola de frío polar en el centro de la costa cantábrica no es para tomársela a broma. Entraba un ris helado por los vomitorios y aquello no pasaba de ser un congelador en mitad del vientre de la ballena.



A eso se asemeja el espacio donde tuvo lugar el concierto, próximo a los campos de Sport de El Sardinero, con todo el mar y sus corrientes a la espalda. Y más alrededor de las nueve de la noche, hora de despegue de una gira que llevará este invierno a Bunbury desde Santander a diversos lugares de España y América.

Tocaba presentar nuevo álbum: este Expectativas, volcado en sonidos más electrónicos que acústicos. El artista ha dejado atrás los aires latinos por ecos de escuelas más apegadas a Londres y Berlín, trufadas con letras directas, que apelan a diatribas calientes. Enfundado en su disfraz de Tony Manero, Bunbury comenzó con La ceremonia de la confusión. Fue el primero de los siete temas del nuevo disco, eje de la primera parte, sobre la que fueron cayendo La actitud correcta, Cuna de Caín, En Bandeja de plata o la brillante Parecemos tontos, que se fueron alternando con algunos anteriores, como Los inmortales.



Bunbury ha cuajado un trabajo coherente pero discordante con todo lo que le precede. Otro camino. Pronto se vería encima del escenario que aquella figura enfundada en un guiño estético a los Bee Gees tenía mucho más que ver con un David Bowie primigenio y también testamentario. Porque el sonido de su nuevo trabajo bebe de ese último suspiro del genio que fue Blackstar, guía hoy de tantos.

Pero, sin embargo, es Bunbury. Puro Bunbury. Pocos músicos aúnan una compilación tan enciclopédica de estilos para conformar una sola personalidad. En medio de su creativa y bendita madurez, ha dejado joyas como Hellville de Luxe o Las consecuencias. Trabajos de referencia y altura para demostrar que el aragonés no tiene parangón dentro del espectro del pop hispano.



A estas alturas, ya ha transitado del gótico al cabaret, del mariachi y las rancheras a la Velvet Underground. Ha adornado el kroutrock con ecos de Camilo Sexto, Raphael y Nino Bravo. Ha evocado a Tom Waits sin olvidar la herencia de Radio Futura. No quiere perder su vitola de Jim Morrison con alma de Bowie, ni su pizca de las maneras glam que le legó Phil Manzanera cuando el miembro de Roxy Music empezó a producir discos de Héroes del Silencio…

Y aun así, con todo y sobre todo, es Bunbury. El guía avizor de la modernidad, la estrella que ha sabido resistir con personalidad propia bebiendo de múltiples y distantes fuentes. El hábil constructor de un estilo que marca diferencias, con esa iconografía singular basada en una continua búsqueda camaleónica. El poeta que ha explorado un cancionero con letras proféticas, románticas y subversivas.

Cuando aquellos versos de Héroes del Silencio tomaron más cuerpo y sentido al desaparecer la banda, encarando una época de derrumbe anunciada por ellos en Deshacer el mundo o en Avalancha, fue clarificándose un enigma que bebía de Baudelaire y William Blake para desembocar hoy en una concepción orwelliana. Pero la música debe estar a la altura de esos enunciados. Y así es. Porque la exploración en Bunbury resulta un karma permanente. En Santander cabalgó desde la urgencia de sus proclamas comprometidas con el mundo en que vive, inquietas a costa de la posverdad y la prementira, de un lado a otro de su carrera.



Cuando dejó aparte la presentación de Expectativas, tiró de repertorio. En ese viaje encontramos bien lavados y peinados para su nueva puesta de largo temas legendarios de Héroes: Mar adentro, Tesoro, la visita al chiquillo que labraba una primera obra maestra como Héroe de leyenda o un Maldito duende medio vudú, entroncado con la percusión diabólica que los Rolling Stones aportaron a Sympathy for the Devil. Se iban turnando con obras de su trayectoria en solitario como El rescate, Más alto que nosotros sólo el cielo o ese himno que es De todo el mundo…

Ventilado el meollo central, Bunbury dejó el escenario junto a su banda, la más que solvente Los santos inocentes, a la que se ha unido el saxo de Santi del Campo. Pero en menos de un suspiro, reapareció para cerrar con aire de cantina mexicana y aroma de tugurio a lo Kurt Weill. Son los ecos que impregnan éxitos como El extranjero, Me calaste hondo o Que tengas suertecita… La constante, una nueva balada con guiños al Afterglow de Génesis cerró la noche. Y Bunbury puso rumbo a los parajes invernales que le tocará ahora llenar de luz con sus Expectativas.